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Ciudad Juárez, Chih. México
13 de mayo 2026
6:01 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Camiones, comercio y cables… la triple C

¿Quién les va a poner freno? Cada vez que un camión de transporte de personal choca, vuelca o arrolla, decimos lo mismo: “Esto ya no puede seguir así”. Y, sin embargo, sigue. Porque cuando la impunidad tiene volante y acelerador, lo único que no tiene es freno… moral.

En lo que va del año —apenas poco más de medio calendario— se han registrado 179 accidentes relacionados con este tipo de unidades en Ciudad Juárez. Ciento setenta y nueve. Ya van tres personas muertas solo este fin de semana. Tres familias destrozadas. Tres proyectos de vida que no debieron acabarse de esa forma. Y aún hay quien se atreve a decir que “fue un accidente”, como si no estuviéramos ante una bomba ambulante que todos ven, pero nadie desactiva.

La pregunta ya no es cuántos camiones más van a chocar. La pregunta es: ¿quién va a poner en cintura a estas empresas? ¿Por qué no hay pruebas toxicológicas obligatorias? ¿Por qué no hay exámenes psicológicos a los operadores? ¿Por qué no se exige una bitácora de descansos? ¿Por qué no hay auditorías reales a las condiciones mecánicas de estas chatarras con ruedas?

Porque no son camiones, son ataúdes colectivos con patrocinio empresarial. Transportan obreros, mujeres, estudiantes, personal de maquiladoras. No llevan carga: llevan personas. Vidas. Almas.

Y aun así, muchas de estas unidades siguen siendo operadas por choferes mal pagados, sin capacitación, con jornadas inhumanas y sin freno… literal y figuradamente. Cada vez que uno de estos autobuses choca, no solo es una tragedia vial: es una muestra de la descomposición institucional que pone las ganancias por encima de la seguridad.

¿Dónde están las multas ejemplares? ¿Dónde está Transporte Público? ¿Dónde está la Fiscalía con carpetas por homicidio culposo? Ah, claro… en la carpeta de “asuntos sin resolver”, que en Juárez ya no cabe ni un clip más.

Y en otros rumbos, mientras Ciudad Juárez bate récords en exportaciones, también batea las expectativas de crecimiento: la guerra comercial entre México y Estados Unidos ha provocado una caída del 62 % en el superávit del comercio exterior local.

Es decir, producimos más, movemos más, exportamos más… pero ganamos menos. Porque el entorno internacional sigue siendo volátil, las reglas del juego cambian cada semana y nuestra ciudad —que depende en un 80 % del comercio binacional— sigue atada de manos ante la incertidumbre geopolítica.

Más allá de las cifras, esta caída en el superávit nos recuerda que Juárez necesita diversificación económica urgente, no solo maquilas que exportan y luego se llevan sus ganancias a otro lado. Si no empezamos a invertir en valor agregado local, solo seremos una línea de ensamble entre conflictos ajenos.

Y, por fin, una buena: adiós al cielo enmarañado. No todo son malas noticias. Hoy vale la pena celebrar que, por fin, el Congreso mexicano se aplicó con una reforma a favor de los ciudadanos: con la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, todas las empresas están obligadas a enterrar sus cables y retirar los que ya no se usen.

¡Aleluya!
Se acabó la excusa del “ahí lo dejo colgado por si lo necesito luego”. Se acabaron las calles con postes que parecen espaguetis tecnológicos. Se acabó el paisaje urbano enredado, peligroso y negligente. Solo espero que no inicien en la época de más calles abiertas sin reparar, y agréguele las banquetas… espero que esa parte también esté legislada.

Esto no solo mejorará la estética de las ciudades —que ya merecen dejar de parecer un nodo de cables de teléfono de los años 90—, sino que reducirá riesgos eléctricos, accidentes viales y costos públicos por mantenimiento de infraestructura ajena.

Así que aplaudamos. Por fin, una ley pensada para los ciudadanos y no para las compañías. Quién lo diría. Quizá este sea el inicio de una nueva etapa donde sí nos escuchen. O, por lo menos, donde ya no tengamos que ver el tiradero de cables al levantar la mirada.

¿Quién sigue? ¿Las banquetas? ¿Los baches? ¿El transporte? Uno puede soñar…

Pero soñar con los pies en la tierra… y sin tropezarse con un cable.

Recordemos que no es su deber, pero sí su compromiso. Estos jóvenes demuestran que la verdadera vocación de servicio no se limita a patrullar calles, sino a tender la mano donde se necesita. Pequeños gestos que, sumados, reconstruyen la confianza en las instituciones.

Pero el aplauso más grande hoy se lo lleva la solidaridad ciudadana. En una escuela de la zona fronteriza, más de 50 personas recibieron apoyo directo: ropa, despensas y abrigo físico y emocional tras perderlo todo. No hubo burocracia, no hubo espectáculo, solo manos entregando lo que se puede y corazones respondiendo al llamado. Esa es la Juárez que no siempre sale en las portadas, pero que está viva en cada rincón donde alguien decide no voltear la cara.


Epílogo: Entre la indignación y la esperanza

Mientras los camiones siguen provocando accidentes y el comercio se desploma, al menos en telecomunicaciones vimos un destello de progreso real. El reto es claro: necesitamos que esa misma eficiencia llegue al transporte y a la economía. Juárez lo merece.

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