Qué bonito es ver cómo nuestros funcionarios priorizan lo importante: pelearse por el micrófono mientras la ciudad arde. El Comité Estatal de Morena, en voz de Brigitte Granados, y el coordinador de Comunicación Social, Carlos Nájera, demuestran que, en efecto, el trabajo en equipo es posible… cuando se trata de sabotearse mutuamente. El Congreso Nacional lo advirtió: “Pónganse a trabajar”, pero al parecer interpretaron “pónganse a pelear”.
Brigitte pide que se atienda al pueblo directamente por el alcalde al menos una vez a la semana; mientras tanto, el alcalde atiende a la ciudadanĂa solo cuando las cámaras están encendidas. Porque en Juárez, la empatĂa tambiĂ©n es de horario limitado.
Por eso se dice que en polĂtica hay verdades que no se dicen… pero se notan. Este incĂłmodo roce entre el ComitĂ© Estatal de Morena y el equipo de ComunicaciĂłn Social del Gobierno municipal es cada vez más evidente. Y no porque uno le robe cámara al otro, sino porque, por primera vez en mucho tiempo, los pusieron a trabajar.
SĂ, tal como se ventilĂł en el reciente Congreso Nacional de Morena: en Chihuahua, el partido guinda no se quiere dormir en sus laureles y empezĂł a operar polĂticamente. ÂżY quĂ© creen? A algunos, como el edil Cruz, no les gustĂł. O si es lo contrario (que no creemos), se pondrá a atender ciudadanos una vez a la semana… le tocará salir del airecito acondicionado.
Mientras los pleitos de pasillo se cocinan a fuego lento, en la frontera norte se alzan voces en contra de la presencia de drones enviados por Estados Unidos para “vigilar” el flujo migratorio. Tamaulipas dijo no. Sonora también. Porque una cosa es colaborar, y otra permitir que el vecino te meta cámaras en el patio.
Lo curioso es que, cuando MĂ©xico vigila migrantes en su frontera sur, no se cuestiona igual. Doble moral geopolĂtica, le llaman algunos. SoberanĂa selectiva, dirán otros.
Y hablando de soberanĂa, vea usted la gran jugada financiera del sexenio: el gobierno avala bonos para rescatar a Pemex, esa empresa que funciona como un hoyo negro: absorbe billones y solo devuelve deudas. Gonzalo Monroy lo dijo claro: “Es un rescate disfrazado”. Pero quĂ© más da, si al final los Ăşnicos que pagaremos el plato roto somos nosotros, los ciudadanos, con inflaciĂłn, gasolinazos y recortes.
Pemex no es una petrolera: es el pozo sin fondo donde desaparece el dinero pĂşblico.
Entonces volvemos con ese viejo conocido que, cada tanto, se convierte en urgencia nacional: Pemex.
Ahora resulta que la emisión de bonos con aval del gobierno es la fórmula para salvar a la petrolera más endeudada del planeta.
Aunque lo maquillen de estrategia, aunque se insista en que “todo va bien”, lo cierto es que cuando se necesita el aval del Estado para colocar deuda, es porque ya no hay quiĂ©n confĂe sin garantĂa.
EpĂlogo: El paĂs del “ahĂ se vao
Tres temas, un mismo hilo conductor: la necesidad urgente de hacer las cosas bien desde el principio. No Trabajar deberĂa ser lo normal, no lo polĂ©mico.
Defender la soberanĂa deberĂa ser constante, no intermitente.
Y salvar a Pemex deberĂa ser un plan estructurado, no una reacciĂłn desesperada.
Pero en México, el orden de los factores sà altera el producto.
Y a veces, hasta lo incendia.





