En Juárez hay una historia que parece sacada de una pelĂcula de horror. Pero no es ficciĂłn: es la realidad más grotesca que puede producir la descomposiciĂłn institucional. En el crematorio Plenitud, la FiscalĂa ha empezado a escarbar —literalmente— el terreno, con la sospecha de que hay más cuerpos enterrados de forma clandestina. ÂżCuántos? ÂżQuiĂ©nes son? ÂżDesde cuándo? TodavĂa no lo sabemos. Pero lo que sĂ está claro es que este caso puede abrir una cloaca aĂşn más profunda de la que imaginamos.
Los testimonios de familiares, los indicios en la propiedad, el hedor que no se disipa… todo apunta a que no estamos ante un simple caso de negligencia o mal servicio funerario. Estamos ante algo peor: una probable fosa clandestina disfrazada de negocio legal. Y lo que deberĂa causar alarma pĂşblica nacional apenas va generando reacciones tibias. Como si el horror ya no alcanzara para sacudirnos. Como si enterrar a alguien —sin permiso, sin dignidad, sin registro— fuera una anĂ©cdota más en esta ciudad donde lo increĂble se volviĂł rutina.
Y mientras las familias lloran y exigen respuestas, las autoridades juegan al clásico deporte mexicano: aventarse la pelotita. La SecretarĂa de EconomĂa se lava las manos, diciendo que no tiene datos sobre funerarias ni crematorios desde 2016. ¡Nueve años sin revisar un sector que literalmente maneja la muerte! La Profeco, esa supuesta defensora del consumidor, brilla por su ausencia: ni un solo contrato de adhesiĂłn registrado del crematorio Plenitud o de las cinco funerarias implicadas —Del Carmen, Latinoamericana, Protecto Deco, Amor Eterno y Luz Divina—. ÂżCĂłmo es posible que no haya un solo documento que regule cĂłmo estas empresas tratan a los muertos y a sus familias? Y luego está Coespris, la joya de la corona, que admite sin rubor que su Ăşltima inspecciĂłn a Plenitud fue en 2022, cuando el lugar ya era un cementerio clandestino disfrazado de negocio legal. Todos se pasan la responsabilidad como si fuera una papa caliente, mientras los cuerpos se acumulan y las familias se desgarran. ÂżEs esto negligencia o complicidad? Porque a estas alturas, la lĂnea es tan delgada que da escalofrĂos.
Para cerrar este escrito de pesadilla, la familia LebarĂłn volviĂł a protestar frente a la Presidencia Municipal, exigiendo respuestas por sus seres queridos asesinados. Años despuĂ©s, ni justicia ni seguridad; solo promesas vacĂas y un gobierno que parece más preocupado por controlar daños que por resolver. ÂżCuántas marchas más harán falta? ÂżCuántas vidas más se perderán antes de que alguien haga algo?





