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Ciudad Juárez, Chih. México
26 de marzo 2026
7:14 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Juárez: empleo, reinvención y abandono

En Juárez, miles de personas asistieron a la Feria del Empleo. Desde temprano: filas enormes, currículums en mano, zapatos boleados, esperanzas colgando de cada saludo con un reclutador. Es conmovedor, pero también alarmante: lo que debería ser una oportunidad, en realidad es un grito masivo de auxilio. Gente con maestría compitiendo con quien apenas terminó la secundaria, todos por lo mismo: una chamba que alcance para comer, pagar renta y quizá, si sobra, vivir un poco.

Las ferias de empleo se celebran como si fueran símbolo de avance. Pero son también síntoma de lo contrario: de una economía incapaz de generar estabilidad, de un sistema que vive al día. ¿Cuántos de esos empleos ofrecidos pagan lo suficiente? ¿Cuántos garantizan derechos laborales? ¿Cuántos duran más de seis meses? ¿Dónde quedó la industria que prometía salarios dignos y futuro? Spoiler: se fue. O está por irse.

Algunos puestos incluso excluyen a quienes superan los 45 años, porque, claro, en Juárez la experiencia de vida es un defecto. La postal es clara: mientras las autoridades presumen “movilidad social”, los ciudadanos hacen malabares para no quedarse fuera del juego. ¿Oportunidades? Más bien un espejismo en el desierto, donde el empleo digno es tan escaso como el agua en verano.

Y como si Juárez necesitara otro golpe, una maquiladora —cuyo nombre no mencionaremos para no herir susceptibilidades— ha decidido cerrar sus puertas por bancarrota y, en un gesto de generosidad sin precedentes, ha anunciado que no habrá liquidaciones para sus trabajadores. ¡Qué detalle tan encantador!

Cientos de empleados, que probablemente dejaron sus mejores años en las líneas de producción, ahora se quedan sin empleo, sin indemnización y, probablemente, sin fe en la humanidad. La empresa, fiel al espíritu maquilero, empaca sus máquinas y se va, dejando atrás promesas rotas y un hueco en la economía local. ¿Y qué dice Index, la asociación de maquiladoras? Que no hay de qué preocuparse, que otras empresas taiwanesas de “alta tecnología” llegarán para salvar el día con 5,000 empleos. Claro, porque cambiar una maquila por otra es la solución mágica a la precariedad laboral.

Mientras tanto, los trabajadores despedidos se suman a las filas de la incertidumbre, preguntándose si la próxima Feria del Empleo les ofrecerá algo más que una palmadita en la espalda.

A contracorriente, mientras unos huyen, otros se reinventan. Los ganaderos mexicanos, bloqueados por las nuevas regulaciones de exportación a Estados Unidos, están comenzando a abrir carnicerías boutique, diversificándose con apicultura o vendiendo directo al consumidor. Un ejemplo claro de que cuando el mercado se cierra, el ingenio se abre. Pero tampoco es justo que tengan que hacerlo solos, sin un verdadero acompañamiento institucional, sin infraestructura para competir en serio.

Pero no nos engañemos: detrás de este brillo de “reinventarse” está la desesperación de un sector que generaba 1,200 millones de dólares al año y ahora se conforma con migajas. La prohibición estadounidense, justificada por una plaga que ellos mismos erradicaron hace décadas, huele a excusa para apretar más las tuercas al T-MEC. El campo mexicano lleva años abandonado, y ahora los productores tienen que vender filetes gourmet a precios de oro porque el gobierno no supo (o no quiso) negociar con EE. UU. ¿Dónde quedó el apoyo real al campo? Y mientras los ganaderos intentan sobrevivir con miel y cortes premium, uno se pregunta: ¿hasta cuándo seguiremos bailando al son de las políticas de Washington y de nuestros políticos inexpertos?

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