En el gran circo de las relaciones internacionales, donde MĂ©xico siempre parece el payaso invitado, Donald Trump nos regala un capĂtulo que mezcla diplomacia con un manazo que duele más en el orgullo que en el bolsillo.
En una entrevista exclusiva con el Daily Caller –justo a horas de que su secretario de Estado, Marco Rubio, pise suelo mexicano–, el presidente estadounidense se despachĂł con elogios dignos de una telenovela romántica hacia Claudia Sheinbaum: “Me cae muy bien la presidenta. Creo que es una mujer estupenda. De hecho, es una mujer increĂble en ciertos aspectos, muy elegante, hermosa”. ¡Ay, quĂ© galanterĂa, Donald! Uno casi imagina rosas y chocolates volando sobre el RĂo Bravo.
Pero, como siempre, el halago vino con el garrotazo: “México está dirigido por los cárteles. Está dirigido por los cárteles”. ¿Diplomacia? Más bien un piropo con veneno, recordándonos que, para Trump, México es un socio comercial útil pero un patio trasero infestado de narcos.
El contexto es jugoso: la periodista Reagan Reese le preguntĂł si confĂa en que MĂ©xico refuerce la frontera, y Ă©l respondiĂł con esta joya, seguida de un “off the record” que, por supuesto, nadie nos cuenta. Luego soltĂł que ofreciĂł enviar al EjĂ©rcito de EE.UU. a MĂ©xico y que Sheinbaum rechazĂł porque “tiene miedo. Tiene mucho miedo”. AnalĂticamente, no es un simple comentario suelto; es una patada a la soberanĂa mexicana en vĂsperas de la visita de Rubio, recordando que Trump sigue con su reforma migratoria en la manga –una que promete “contentar a todos”, pero que huele a más aranceles y presiones por el T-MEC.
Lo cierto es que el expresidente número 45 y ahora 47 de Estados Unidos nunca se ha caracterizado por la mesura. Dice lo que piensa, guste o no, y en eso basa gran parte de su popularidad. Esta vez dejó un mensaje claro: a los ojos de Washington, México no está bajo el control del gobierno, sino de las mafias. Y aunque duela admitirlo, los hechos —homicidios, extorsiones, desapariciones— le dan más fuerza a su narrativa que a cualquier discurso triunfalista del oficialismo mexicano.
Y hablando de presiones, aquĂ llega Marco Rubio, el flamante secretario de Estado de Trump, aterrizando en MĂ©xico para una visita de tres dĂas que empieza el martes –su segunda a paĂses hispanos desde que asumiĂł el cargo–. ÂżViene a poner orden o a dar Ăłrdenes?
Con los ojos puestos en seguridad y migraciĂłn, Rubio se reunirá el miĂ©rcoles con Sheinbaum, justo dos dĂas despuĂ©s de su primer informe de gobierno, donde se espera que la presidenta luzca avances en la lucha contra el narco. No habrá firma de acuerdos, pero el menĂş es pesado: los cuatro pilares del marco de febrero –confianza mutua, responsabilidad compartida, respeto a las soberanĂas y cooperaciĂłn sin subordinaciĂłn– serán el telĂłn de fondo para discutir el “acuerdo de seguridad”.
Washington aplaude el “verdadero progreso” en extradiciones de cabecillas, distribuciĂłn de agua en el RĂo Bravo y manejo de aguas residuales en Tijuana-San Diego, pero Rubio querrá más: frenar cruces ilegales de mexicanos (que ahora son mayorĂa gracias a las polĂticas anti-migrantes de Trump) y detener a China de usar MĂ©xico como puente para evadir aranceles.
En comercio, EE.UU. busca reducir su dĂ©ficit y revisar gravámenes como el del jitomate mexicano. Concatenando con el piropo-manazo de Trump, esto huele a inspecciĂłn: Rubio llega con el mandato de su jefe, que ve a MĂ©xico “dirigido por cárteles”, para presionar por más “proximidad” en la frontera. AnalĂticamente, es un equilibrio delicado: MĂ©xico informa acciones, pero Âżcederá soberanĂa?
Y bueno, no podĂamos dejar de lado el espectáculo polĂtico del fin de semana: el conato de bronca entre Alejandro “Alito” Moreno y Gerardo Fernández Noroña, que ilustra la decadencia polĂtica en MĂ©xico como un manual de lo que no se debe hacer en democracia.
Moreno, lĂder del PRI y senador, y Noroña, flamante ex presidente de la Mesa Directiva del Senado, se convirtieron en el ejemplo perfecto de polĂticos que debaten con empujones en lugar de argumentos, consensuando con soberbia en vez de razĂłn. El incidente: un altercado fĂsico con dramatismo y manotazos que refleja la arrogancia de la clase polĂtica mexicana. Noroña, el “vil pandillero de barrio” de Morena, desconectaba micrĂłfonos a opositores para bloquear propuestas “por la puerta trasera”, actuando como el matĂłn del “grupo de choque” de la 4T, incluso ahora en el poder. Moreno, por su parte, representa al PRI rancio, con su historia de corrupciĂłn y lazos con el narco que todos conocen.
Estos “ejemplos” –Moreno y Noroña como arquetipos de soberbia– erosionan la democracia: no debaten, no consensĂşan, solo gritan y empujan, dejando a MĂ©xico en un limbo donde la oposiciĂłn es irrelevante y el poder, un monopolio. Persuasivamente: polĂticos, aprendan, la democracia no es un ring de boxeo, es un foro de ideas. Pero, irĂłnicamente, ÂżquiĂ©n necesita debates cuando tienes puños?





