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Ciudad Juárez, Chih. México
24 de marzo 2026
12:51 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Más gente, menos recursos: la frontera enferma en silencio

Ciudad Juárez crece, pero su salud se deteriora. Lo que debería ser una buena noticia —el aumento poblacional, el dinamismo económico, la llegada constante de nuevas familias— se convierte en un problema cuando los recursos públicos no crecen al mismo ritmo. Los datos recientes son alarmantes: más población, menos presupuesto y una infraestructura médica que hace años dejó de dar abasto. La frontera más viva del país también se está convirtiendo, paradójicamente, en una de las más enfermas.

No hablamos solo de hospitales saturados o falta de doctores —que ya de por sí sería bastante grave—, sino de una crisis más profunda: la salud mental de una ciudad agotada. Juárez carga con un estrés colectivo que se siente en el tráfico, en las escuelas, en las maquilas, en las casas y hasta en las calles donde los retenes se vuelven parte del paisaje. La gente está cansada, preocupada, al borde. El miedo, la incertidumbre económica, la violencia cotidiana y la falta de servicios médicos son una combinación que ha hecho metástasis en la mente de miles de juarenses.

La salud mental es el tema ausente en los discursos oficiales. Nadie se atreve a decirlo con todas sus letras, pero Juárez está enferma emocionalmente. Y mientras no se atienda esa herida invisible, ningún plan de desarrollo servirá. Las cifras del sector salud apenas alcanzan para mantener los servicios básicos; ni hablar de psicólogos, psiquiatras o programas de prevención. En el fondo, seguimos tratando los síntomas y no las causas.

Y si hablamos de salud, este mes rosa debe recordarnos una de las batallas más duras que enfrentan las mujeres en nuestra frontera: el cáncer de mama. De enero a septiembre de este año, 237 juarenses han perdido la vida por esta enfermedad. Detrás de cada número hay una historia truncada: una madre, una hija, una amiga que no logró acceder a una detección temprana oportuna. Es una cifra que no debería normalizarse. La prevención salva vidas, pero en Juárez, los chequeos de rutina son un lujo que muchas no pueden pagar o simplemente no encuentran dónde realizarse.

El cáncer de mama no distingue condición social ni edad, pero sí castiga la falta de infraestructura y conciencia. Hablar de autoexploración, de campañas de diagnóstico gratuito y de atención médica no es un tema de “moda rosa” de octubre: es una urgencia nacional y, en esta frontera, una deuda que seguimos acumulando con cada muerte evitable.

Por otro lado, hay señales de esperanza. El municipio finalmente parece decidido a enfrentar otra vieja dolencia: la de las lluvias que convierten nuestras calles en canales de frustración. Pese al alto costo, se anunció la preparación de nuevas obras pluviales. Tarde, sí, pero necesarias. Porque cada tormenta desnuda no solo la falta de infraestructura, sino la desidia institucional que nos acostumbró a vivir entre charcos y promesas.

Juárez necesita un enfoque integral en salud, y eso implica ver más allá del hospital. Necesita políticas públicas que entiendan que el bienestar no se mide solo en consultas médicas, sino en la tranquilidad con la que la gente puede vivir su día a día. No hay ciudad próspera sin ciudadanos sanos, ni economía fuerte con una población emocionalmente quebrada.

La frontera se nos está enfermando en silencio. Y si no empezamos a tratarla con la seriedad que merece, un día despertaremos con la peor de las noticias: que no fue el cáncer ni la depresión los que nos vencieron, sino la indiferencia.

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