La actividad económica en Chihuahua se contrajo un 2.3 % anual en el segundo trimestre, según el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) del Inegi, un bajón que se desglosa en un -15.4 % en el sector primario, -2.4 % en el secundario y -0.7 % en el terciario, alineado con el PIB nacional, que se hundió al menos un 3 % en el mismo periodo. Isaac Sánchez, del Laboratorio de Economía de la UACJ, lo pone crudo: la dependencia de Chihuahua con Estados Unidos —exportaciones e importaciones que bailan al son de la política comercial gringa— es el culpable principal, y el panorama del tercer trimestre pinta igual de gris, con aranceles que Trump agita como un matón en cantina.
Las cifras no mienten: la actividad económica nacional muestra signos de enfriamiento.
El Inegi reporta una baja que, aunque técnica, ya empieza a sentirse en los bolsillos. La industria manufacturera desacelera, el comercio modera su empuje y los servicios —ese motor silencioso que mantiene andando al país— comienzan a resentir la falta de estímulo y certidumbre.
En otras palabras, México empieza a correr más lento, y lo hace justo cuando el mundo vuelve a exigir velocidad.
El problema no es solo de números, sino de dirección. No hay brújula clara ni narrativa económica que inspire confianza.
Mientras la política se enreda en discursos de bienestar, los empresarios y trabajadores saben que el bienestar se construye produciendo, no improvisando.
Una economía que se enfría sin estrategia es como un tren que frena sin frenos de emergencia: se detiene de golpe y con daño.
Pero si la economía patina, al menos la J+ acerca sus servicios a la ciudadanía. El programa “La J en tu colonia” pasará de mensual a semanal, y eso, aunque parezca un detalle menor, no lo es.
Implica que el Gobierno Estatal —encabezado por Maru Campos— está encontrando un formato funcional de contacto ciudadano.
No se trata solo de limpiar parques o tapar baches, sino de mantener presencia, escuchar y atender en territorio, no desde la oficina.
Eso genera algo que pocos gobiernos logran: cercanía real.
Porque la gente no exige perfección, exige presencia; y cuando el gobierno baja al barrio, los problemas se vuelven visibles y las soluciones, más alcanzables.
Si la JMAS logra sostener ese ritmo y profesionalizar la logística, “La J en tu colonia” podría convertirse en un sello de gestión, un modelo de política de proximidad que otras ciudades podrían replicar.
Y mientras el país intenta definirse entre la inercia y la esperanza, surge una idea poderosa desde el análisis político: “Es hora de nombrar generales para la guerra.”
La frase, más que militar, es metafórica: México necesita líderes que asuman la batalla por su rumbo, por su economía, por su seguridad y por su identidad.
No se trata de pelear con las armas, sino de organizar a quienes aún creen que este país puede levantarse.
Porque mientras unos apagan motores y otros se refugian en la retórica, alguien debe decidir hacia dónde vamos.
Y ese alguien, en todos los niveles —nacional, estatal y municipal—, tendrá que demostrar que está dispuesto a hacer más que administrar la crisis: liderar la reconstrucción.





