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Ciudad Juárez, Chih. México
11 de mayo 2026
1:07 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

La Morenita bendice bolsillos, sierras y nóminas

El 12 de diciembre, ese día en que México se arrodilla ante la Morenita del Tepeyac con una devoción que mueve más que cualquier decreto presidencial: fe católica en vena, procesiones que serpentean como ríos de tilma y un porcentaje de creyentes que sigue siendo el pegamento invisible de esta nación fragmentada.

Pero vayamos al grano, porque detrás de las veladoras y los “Virgencita, cúbreme con tu sagrado manto”, hay un negocio que no necesita sermones: la derrama económica de 21 mil 700 millones de pesos que caerá como maná en la CDMX, un 8.5% más que el año pasado, según CONCANACO SERVYTUR.

Imagínense: familias enteras peregrinando desde los confines del país, gastando en hospedaje, transportes que jadean como burros sobrecargados, artesanías religiosas que brillan más que el oro de los magos, ropa, calzado, regalos y, por supuesto, el banquete de antojitos que transforma colonias enteras en ferias gastronómicas. Micros, pequeños y medianos negocios —esas MiPyMEs que sobreviven a base de rezos y créditos caros— se llenan los bolsillos en esta temporada santa que se enlaza con El Buen Fin y hasta el Día de Reyes, dinamizando barrios, municipios y rutas de peregrinación.

Claro, la confederación pide al gobierno que no meta la pata: seguridad sin balazos, movilidad sin caos y condiciones claras para que el comercio informal no termine en redadas. Porque, entiendan, la Virgen de Guadalupe no solo es fe; es el motor que inyecta oxígeno a una economía que, sin estos milagros laicos, se ahogaría en su propia sequía. ¿Bendición divina o truco de marketing celestial? Ambas: mientras el pueblo reza por salud, el erario cuenta los pesos que no tuvo que imprimir.

Y mientras la Basílica rebosa de promesas susurradas, Claudia Sheinbaum, la presidenta científica que parece más cómoda con ecuaciones que con encuentros indígenas, aterriza en Chihuahua este sábado 13, con un itinerario que huele a foto obligada y demandas acumuladas.

Primero, Guadalupe y Calvo, esa perla sangrante de la Sierra Tarahumara donde la violencia criminal ha desplazado a comunidades rarámuri como si fueran piezas de ajedrez en un tablero de narcos. Ahí, en Santa Tulita, cerca de Baborigame, y el ejido Mala Noche, encabezará el Plan de Justicia para Pueblos Originarios, prometiendo certeza jurídica sobre tierras ancestrales en una zona donde el plomo dicta fronteras más que los mapas.

Luego, Ciudad Juárez, con actividades por confirmar, pero que seguro incluirán mañanera light y apretones de manos con empresarios que sueñan con más T-MEC. Reconozcamos lo obvio: este gobierno ha dado visibilidad a los originarios como ninguno antes —programas, consultas, hasta un discurso que nombra a los invisibles—, pero el vicario de la Tarahumara no se anda con rodeos y clama justicia ya para los desplazados: retorno seguro a sus comunidades, fin al abandono que los deja a merced de balaceras y extorsiones, y un apoyo real que no se evapore en fotos.

Porque en la sierra, la “transformación” suena a eco lejano: familias enteras huyendo con lo puesto, niños sin escuela y un Estado que llega en helicóptero, pero se va en camioneta blindada. ¿Escuchará Sheinbaum o será otro aterrizaje exprés para el álbum familiar? En una región donde la seguridad es un lujo, su visita podría ser el empujón que necesita el plan… o solo el recordatorio ácido de que las ecuaciones no resuelven balas.

Y para rematar con una ironía que podría firmar un bufón de Palacio, aterrizamos en Juárez, donde los empresarios se cuelgan una medallita reluciente por el aumento al Impuesto Sobre Nóminas (ISN), de 3% a 4%, esa “gran anotación” que Iván Pérez, presidente de CANACO, celebra como si hubieran ganado la Champions. ¿El botín? 2 mil 400 millones de pesos extra, con el 45% cayendo en la frontera como lluvia dorada, gestionados directamente por el sector privado y el IMIP a través del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Proyectos soñados: pulir el transporte público que parece de la era de los dinosaurios, mantener parques industriales que crujen de abandono, inyectar lana al nuevo centro de convenciones y cofinanciar una vía para camiones pesados hacia Guadalupe–Tornillo.

Históricamente, estos tiburones de traje abogaban por bajar impuestos para “ser más competitivos”; ahora aplauden un subidón porque les da el control del timón: ellos deciden dónde va el dinero, no el gobierno que siempre prometió, pero nunca aterrizó. Ironía pura, señores: después de años quejándose de la inacción oficial —“¡Denle al erario, pero no nos toquen!”—, logran que el aumento sea su cheque en blanco para obras que benefician sus bolsillos disfrazados de bien común.

¿Victoria empresarial o truco fiscal con aroma a cuota? Ambas: mientras el trabajador ve su nómina un poquito más ligera, los CEOs brindan por “la anotación del siglo”. En Juárez, donde la economía late a ritmo de maquila, esta medallita brilla… pero cuidado, que las cuotas voluntarias suelen cobrar intereses eternos.

Mientras la Morenita bendice el comercio, ojalá bendiga también a los desplazados y a los que pagan la cuenta. Porque en esta frontera de contrastes, el verdadero derrame no es de dinero, sino de realidades que claman ser vistas.

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