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Ciudad Juárez, Chih. México
23 de marzo 2026
1:55 pm

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

El circo de la vanidad mientras Juárez bajo extorsión

Juárez, esa frontera donde el desierto no es lo más árido, sino el contraste entre los presupuestos que se evaporan en redes sociales y los baches que se multiplican como conejos en celo.

Imagínense la escena: mientras el alcalde Cruz Pérez Cuéllar posa para su enésima selfie con filtro de “héroe local”, el erario municipal ha escupido 300 millones de pesos este 2025 en comunicación social y redes —sí, leyeron bien, 300 millones, más que el presupuesto de pavimentación en varias colonias enteras o el fondo para reparar tuberías que convierten las calles en piscinas gratuitas—.

Y no es un error de dedo: la Comisión de Hacienda del Cabildo lo aprobó con la gracia de quien firma un cheque en blanco, y para 2026, el propio Cruz pide otra tajada igual de jugosa, como si el próximo año necesitara no solo obras, sino un Óscar por mejor campaña de autoayuda política.

¿Comparación odiosa? Digamos que mientras en obras públicas se destinaron “solo” 250 millones a proyectos reales —como el remiendo de drenajes en Anapra o el asfaltado de Riberas del Bravo—, la vanidad del alcalde se lleva la corona: spots en radio que suenan a himno personal, memes pagados en Facebook que acumulan likes pero no votos reales, y un equipo de influencers que documenta cada corte de listón como si fuera el fin del mundo.

Críticos como el regidor panista Alfredo Piñera lo tildan de “desfachatez presupuestal”, recordando que en un año de sequía económica —con maquilas despidiendo y extorsiones multiplicándose—, priorizar el ego sobre el empedrado es como regar flores con el agua de los sedientos. ¿Intención? Sobrevivir al 2026 preelectoral, donde Cruz, el eterno candidato reciclado, sueña con ser el salvador eterno del estado.

Pero, señor alcalde, ¿300 millones para brillar en TikTok mientras las avenidas parecen cráteres lunares? Eso no es liderazgo; es un reality show financiado por el contribuyente. Ojalá el Cabildo despierte antes de que el próximo presupuesto sea puro filtro de Instagram.

Y hablando de realidades que no caben en un post viral, los temas de la aduana en Ciudad Juárez no tienen fondo, ni techo, ni salida: es un pozo negro de corrupción que succiona dólares, confianza y hasta la dignidad binacional, como un agujero negro que devora el T-MEC entero.

Imagínense el puente Zaragoza-Ysleta a medianoche: no es cruce de mercancía, sino teatro de los absurdos delictivos, donde la Guardia Nacional —esa que llegó en 2021 con fanfarria militar para “limpiar” la frontera— se ha convertido en el cómplice estrella de un esquema que recauda entre 1.5 y 3 millones de dólares mensuales en mordidas, evasiones y favores.

Cuatro actos, como en una ópera bufa de la impunidad: primero, el huachicol fiscal, con pipas de gasolina que declaran 10 mil litros pero cargan 40 mil, evadiendo IEPS e IVA en un baile de pedimentos falsos que genera 15 a 20 mil dólares por doble tanque; empresas como Energética Carvel, con dueños bajo lupa de la FGR, lideran el desfile, financiando desde gasolineras pirata hasta precursores químicos. Segundo, los autos: 100 unidades diarias cruzan por Lerdo o Guadalupe, pero no sin pagar 500 dólares por cabeza a tramitadores exaduanales que falsifican facturas y subvaloran vehículos para evadir aranceles —un Honda 1984 que debería costar miles termina en subasta por migajas, mientras el dueño suplica o paga la cuota para no ver su carro en manos de revendedores en Zacatecas—. Tercero, la fayuca: ya no son solo tenis chinos o ropa de dudosa procedencia, sino un supermercado del crimen —químicos, psicotrópicos, armas que fluyen en pickups con camper por 500 a 1,000 dólares la corrida—, diluyendo la línea entre aduanal y cártel hasta que el contrabando de electrónicos se convierte en cargamento de balas para la sierra. Y el gran final, la extorsión: guardias que fotografían tu placa y la mandan a celulares, retenes en el kilómetro 100 donde la FGR cobra miles por “declaraciones voluntarias”, y un ecosistema donde militares rotan sin rendir cuentas, dejando a yonqueros como Héctor Lozoya simulando cruces para destapar el avispero.

¿Implicaciones? Un comercio binacional ahogado en desconfianza —el T-MEC tose con 3 millones mensuales perdidos—, evasión fiscal que sangra el erario, y seguridad que se deshilacha porque el plomo que entra paga cuota. ¿Solución? Modernización rechazada por los mismos que lucran, y una FGR que investiga pero no clausura. Juárez, la puerta de México, se cierra sola con llaves de corrupción.

Pero para no terminar con puras malas —porque hasta en el desierto brota una espinita verde—, aquí va una buena: al menos una buena intención que huele a progreso real, no a postureo. El municipio de Juárez, en un arranque de cordura urbana, arrancará 2026 con el cableado subterráneo en el Centro Histórico, ese corazón colonial que hoy parece un spaghetti de cables aéreos colgando como telarañas de olvido.

Liderado por la Dirección General de Desarrollo Urbano, el plan migra toda la infraestructura de telecomunicaciones —IZZI, Megacable, Total Play, Axtel y, con suerte, Telmex si firman el convenio pendiente— a ductos bajo tierra, cubriendo 236 cuadrantes y 91 vías principales en la zona céntrica.

¿Presupuesto? Modesto como un voto de penitencia: 6 millones de pesos, lo que limita el alcance a calles clave en lugar de un barrido total, pero ya desde noviembre han removido 6,000 metros lineales aéreos —empezando por avenida Tecnológico—, liberando postes que parecían junglas eléctricas. ¿Beneficios? Un cielo limpio que invita a turistas en lugar de espantarlos, mayor seguridad contra vientos huracanados o vandalismo, y un empujón estético que alinea con el “Juárez moderno” que tanto prometen.

Firmado el acuerdo el 16 de octubre de 2025, es una alianza público-privada que, si no se atora en burocracia, podría extenderse y transformar el centro en un oasis ordenado. ¿Desafíos? El presupuesto raquítico y la coordinación con proveedores que a veces parecen más lentos que una tortuga en siesta, pero la intención brilla: en una ciudad de cables colgantes y corrupción colgante, enterrar lo viejo es un primer paso para que Juárez no parezca un cableado vivo de los 90. Ojalá no quede en promesa; que sea el cable que conecte, por fin, intención con realidad.

Al final, en este diciembre de vanidades presupuestales y aduanas corruptas, Juárez suspira por esa buena intención que podría ser más: menos millones en selfies, alcalde, y más en cables que no se vean pero sí sirvan. Porque mientras la corrupción no tiene fondo, al menos el subterráneo podría tener salida. Despierten, autoridades: la frontera no vive de likes, sino de conexiones reales.

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