En Ciudad Juárez no se necesita un analista político para entender la crisis de gobierno: basta con un gato hidráulico y una llanta de refacción. Lo que vivimos hoy en el estado ya no es política de altura; es un pleito de callejón —literalmente— donde nuestra clase gobernante ha decidido que la mejor forma de comunicarse es a través de videos en redes sociales y reclamos de vecindad.
Todo empezó con un bache. Ese cráter juarense, democrático y soberano, no distinguió jerarquías y se tragó la llanta de la Suburban de la gobernadora Maru Campos. ¡Bienvenida a la realidad, jefa del Ejecutivo! Lo que para miles de juarenses es el pan de cada día (y el gasto de cada quincena), para ella fue el pretexto ideal para subirse al ring. “¡Trabaje en sus baches!”, le gritó a la distancia al alcalde, como si acabara de descubrir que las calles de Juárez parecen superficie lunar.
Pero el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, que para los periodicazos se pinta solo, no tardó ni lo que tarda en secarse el chapopote barato en contestar. Con un video raudo y veloz, le recordó a la gobernadora los miles de millones invertidos en la Torre Centinela, ese “mugrero” —según sus palabras— que bien podría haber servido para pavimentar hasta las banquetas. Es el juego favorito de nuestros políticos: el “tú más”. Si tú me señalas un bache, yo te señalo una torre; si tú me criticas la gestión, yo te critico la inversión.
Mientras tanto, en las esquinas de la ciudad, los ciudadanos seguimos esquivando hoyos y esperando que alguien, por error, agarre una pala en lugar de un celular para grabar reclamos.
Y para que la función de circo esté completa, el bando de Daniela Álvarez en el PAN estatal no se quedó atrás. Como si fuera una guerra de vecindad, respondieron a la amenaza del “Lunes de Nepotismo” del alcalde con más de lo mismo: “¡Tú también tienes parientes!”.
Es fascinante. No se habla de cómo atraer inversiones ahora que la maquila tiembla, ni de cómo mejorar la seguridad, ni de sinergias para rescatar a la frontera. No. La agenda política de Chihuahua se resume hoy en: baches, torres, parientes y sacaderas de lengua.
¿Inversiones? ¿Planeación urbana? ¿Acuerdos por el bien común? Olvídenlo. Aquí la prioridad es ver quién graba el video más “picante”.
Por lo pronto, el único que sigue ganando en Juárez es el negocio de las llanteras, porque entre baches reales y baches mentales, a nuestra clase política ya se le acabó el aire.
Mientras Juárez acumula 6,800 choques en 2025 (+20% respecto a 2024) y el estado lidia con más de 1,200 homicidios anuales, nuestros mandatarios prefieren el show viral al trabajo sinérgico. Qué bonito espectáculo, donde el bache no es el problema, sino el ego que lo usa de trampolín.
El problema de fondo no es quién tiene la razón en el pleito del bache. El problema es que ambos bandos hablan para su público duro, no para la ciudad. Están más preocupados por no “quedar abajo” en la narrativa que por resolver lo que realmente duele. Y cuando la política se vuelve reactiva, personal y vengativa, pierde su razón de ser.
Esta política de baches y lenguas largas nos hunde en la mediocridad. Juárez no es un botín ni un ring: es una ciudad que exige acuerdos mínimos, trabajo coordinado y menos ego. Porque pavimentar calles importa más que pavimentar discursos.





