H. Cd. de Chihuahua.- Mientras miles de familias en la Sierra Tarahumara sufren carencias extremas de alimentos, agua y atención médica, resulta cuestionable que algunos miembros de Morena destinen recursos a apoyar causas internacionales, como la población de Cuba. La solidaridad no debería medirse solo por la magnitud de un gesto, sino también por su pertinencia: enviar ayuda al extranjero mientras comunidades mexicanas viven en condiciones precarias refleja un desbalance preocupante en nuestras prioridades políticas y sociales.
La atención a la población vulnerable dentro del país no es un acto de heroísmo, sino un deber moral y cívico de quienes gobiernan y legislan. No se trata de cuestionar la ayuda internacional, sino de subrayar que la política social debe ser coherente: primero garantizar que ningún mexicano sufra por carencias básicas antes de extender la mano al exterior. La verdadera solidaridad comienza en casa, y mientras esa premisa no se cumpla, cualquier donativo foráneo corre el riesgo de parecer más simbólico que efectivo. (En Blanco y Negro)





