La dinámica que tomó el fin de semana la relación de la presidenta de la República y la gobernadora de Chihuahua es, por decir lo menos, de una rudeza innecesaria en el trato que corresponde a la relación de gobernanza que debería prevalecer, porque los gobiernos sirven a los ciudadanos, no solamente a las causas ideológicas que los llevan al poder.
Pero, centrándonos en la coyuntura, diremos que con la notificación a Maru Campos de una comparecencia semiforzada a rendir testimonio ante la Fiscalía General de la República por los hechos en que perecieron agentes de la CIA en Chihuahua, después de un operativo antinarco efectuado por la Fiscalía estatal, aunado a los comunicados posteriores de la Secretaría de Gobernación, haciendo del conocimiento del país que, según les “informó” el órgano autónomo FGR, se citó a declarar a los gobernadores de Chihuahua, María Eugenia Campos, y de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
RUDEZA INNECESARIA
Decimos que la rudeza innecesaria se aplica a la gobernadora de Chihuahua porque es evidente que dos dependencias de la Presidencia de la República, que también inició la andanada desde el primer momento de sucedido el accidente en la sierra de Chihuahua, concentraron su accionar en la posibilidad de una invasión a la soberanía y no en el combate a la delincuencia, utilizando evidentemente la situación de Chihuahua como un distractor ante la exigencia de detención del gobernador Rocha por colusión con delincuentes.
El último comunicado de Gobernación confirma esta teoría y demuestra un trato exacerbado para con Maru Campos. Agregaríamos que se trata, adicionalmente, de una campaña mediática alentada desde la más alta tribuna de México en su contra. Lamentable rudeza innecesaria.





