El panismo chihuahuense decidió inaugurar formalmente su pasarela hacia el 2027 con dos postales milimétricamente calculadas: un informe de gobierno que sirvió como destape y el bronce de una estatua utilizado como bálsamo para viejas rencillas partidistas. En el Centro de Convenciones, el tercer informe del Alcalde capitalino, MARCO BONILLA, dejó de lado la aburrida rendición de cuentas administrativa para convertirse en una auténtica concentración de fuerza electoral. Arropado por liderazgos nacionales del blanquiazul y con la unción explícita de la Gobernadora MARU CAMPOS, quien lo mandó sin rodeos a “llevar estos resultados a cada rincón de esta tierra”, BONILLA selló su discurso con la advertencia de que está “listo para la batalla”, oficializando ante propios y extraños que Palacio de Gobierno ya tiene delfín para la contienda estatal.
Sin embargo, para que la maquinaria funcione en el estado grande, el grupo en el poder requería saldar cuentas con la nostalgia doctrinaria y mandar una señal de paz hacia el interior de sus filas. El pretexto perfecto fue la develación del busto en honor al exgobernador FRANCISCO “PANCHO” BARRIO en el Circuito Universitario de la Capital. Con BONILLA haciendo las veces de anfitrión y orador estelar, el evento congregó a tirios y troyanos del panismo local: desde operadores de distintas corrientes y sexenios hasta la llamativa presencia del Fiscal General, CÉSAR JÁUREGUI MORENO, dejando una fotografía de aparente fraternidad entre liderazgos que en días ordinarios apenas intercambian cortesías institucionales.
La imagen no tardó en levantar suspicacias en los mentideros políticos: ¿estamos en verdad ante una sincera reconciliación azul o se trata únicamente de un pacto de no agresión temporal, forzado por la urgencia del 2027? Recurrir a la figura de BARRIO, símbolo histórico de la alternancia y referente obligado de Ciudad Juárez, opera como una maniobra de relaciones públicas para tender puentes con una frontera que mira con recelo el centralismo capitalino y que aún procesa sus propios filtros internos para definir candidaturas. Resucitar la mística de los años ochenta busca vender la ilusión de una sola familia panista, aunque debajo de los templetes las facturas sigan vigentes.
A este complejo ajedrez se suman las presiones de los aliados de ocasión. Con ALEJANDRO “ALITO” MORENO exigiendo cuotas de candidaturas por adelantado y las pugnas vivas entre el PRI de dirigencia y la corriente tradicional de exgobernadores como FERNANDO BAEZA, JOSÉ REYES BAEZA y PATRICIO MARTÍNEZ, cercanos al engranaje estatal, el PAN no puede darse el lujo de llegar fragmentado a la negociación de la coalición. Exhibir unidad frente al monumento de DON PANCHO es el mensaje que la cúpula envía para intentar frenar chantajes externos y alinear a las bases detrás del proyecto de continuidad.
CONCLUSIÓN
Al final del día, la política real no se resuelve en los discursos rimbombantes de los informes ni ante los pedestales de bronce. Es fácil sonreír para la foto de grupo cuando el incienso de los próceres está en el aire, pero la verdadera reconciliación panista no se mide en abrazos públicos, sino en el reparto descarnado de las boletas electorales. Si las cuotas de poder, las diputaciones y los espacios territoriales no alcanzan para apaciguar los egos de cada tribu, el cacareado espíritu de unidad que hoy presumen se esfumará al primer desacuerdo, demostrando que este cierre de filas no es más que una tregua armada para la tribuna mientras llega el momento de sacar los cuchillos.





