El día de ayer, por la tarde-noche, fue de gran relevancia para la Gobernadora del Estado de Chihuahua, MARU CAMPOS. Concretamente, cuando le falta un año a su gobierno sexenal, fue el día en que su proyección está más fuerte dentro de su sexenio. Estuvo acompañada de algunos miembros de su gabinete y buena parte de ellos, con todo y los problemas que últimamente le han generado en Ciudad Juárez en materia de educación o de transporte público. Habrá que ver si, además del evento apoteótico que se pretende celebrar en la TORRE CENTINELA, se ven otros reflejos del máximo poder de un gobernador, mínimo llamadas de atención a sus operadores en Juárez.
EL PASE DE ESTAFETA Y LA GRILLA
Es evidente que, con el destape de MARCO BONILLA como coordinador de la responsabilidad por parte del Partido Acción Nacional para llegar a convertirse, allá por el mes de febrero, en el candidato del PAN por Chihuahua, ya se anticipa como sólido, único contendiente. En consecuencia, el poder de la Gobernadora MARU CAMPOS a partir de ahora irá disminuyendo. Es natural que tendrá que dejar paso paulatinamente a la colocación de las piezas que este coordinador quiera poner a jugar en las distintas partes del Estado. No es un asunto que tenga que ver con falta de agradecimiento o falta de maneras, es porque así funciona la política.
Así que el acto de ayer en la TORRE CENTINELA, con los discursos y todo lo demás, con la ausencia obvia y evidente de los titulares del Gobierno Federal por cuenta de algún delegado de dependencias federales o del Municipio que ahora encabeza HÉCTOR ORTIZ ORPINEL, así como los discursos adversos que mañana, tarde y noche pronuncia en contra de esta inversión multimillonaria CRUZ PÉREZ CUÉLLAR, agregado el discurso de animadversión a cualquier proyecto estatal de la Senadora ANDREA CHÁVEZ, le añaden el ingrediente político a la inauguración.
OPULENCIA EN SEGURIDAD NO SE DEBE NOTAR
La opulenta inauguración de la Torre Centinela en Ciudad Juárez no fue solo un despliegue de tecnología de punta, sino el reflejo exacto de las prioridades de la administración estatal. La Gobernadora MARU CAMPOS cortó el listón rodeada de pantallas de última generación, software de reconocimiento facial y un séquito de funcionarios y líderes empresariales que aplaudieron con un entusiasmo corporativo que contrasta drásticamente con la realidad de las calles juarenses. Sobresaliente el discurso de proyección para el Secretario de Seguridad Estatal, GILBERTO LOYA. Un evento más.
LOS EMPRESARIOS A TODAS VAN
La presencia de la cúpula empresarial en el evento no es casualidad; representa el aval de un sector que prefiere medir la seguridad en millones de dólares invertidos y en sofisticación técnica, en lugar de resultados comunitarios palpables. Los empresarios asistentes hablaron de “expectativas” y “coordinación”, legitimando una obra cuya inversión ha sido severamente cuestionada por su opacidad y centralismo.
Mientras los hombres de negocios se maravillaban con el centro de mando Clase A, la ciudadanía de a pie se pregunta si las cámaras de vigilancia realmente detendrán las extorsiones, los asaltos y la violencia que azotan los barrios periféricos de la frontera.
ERROR DE DIAGNÓSTICO
El verdadero peligro de la Plataforma Centinela es que se convierta en una carísima cortina de humo tecnológica. La seguridad pública no se soluciona únicamente desde un búnker de cristal blindado ni con algoritmos de vigilancia; se construye con la depuración de las policías, la erradicación de la corrupción institucional y la reconstrucción del tejido social.
Celebrar la edificación de una torre como si fuera la paz misma es un error de diagnóstico grave. Si esta millonaria infraestructura no se traduce de inmediato en una baja real del índice delictivo, el pomposo evento de inauguración no habrá sido más que una costosa sesión fotográfica para el lucimiento político y el beneplácito del capital privado.
ROMPIMIENTO EVIDENTE CON LA GOBERNADORA
Por otra parte, el vacío político en el presídium fue tan elocuente como el despliegue de las pantallas. La ausencia notable de las autoridades federales y de los gobernantes municipales de la frontera no solo evidenció la profunda fractura de coordinación que padece la región, sino que desnudó el carácter estrictamente partidista y estatal del proyecto.
Mientras el Estado se atrinchera en su búnker tecnológico, la Federación y el Municipio miran hacia otro lado, dejando en claro que la Plataforma Centinela nace en medio de un peligroso aislamiento institucional; una guerra de egos políticos donde la seguridad juarense queda atrapada en el fuego cruzado del desdén oficial.





