Por: Janeth Escobedo Román
La noche del 15 de septiembre tiene una fuerza especial en México. Las plazas se iluminan con los colores de la bandera, las familias se reúnen y, cuando llega la ceremonia, miles de voces responden: “¡Viva México!”. No es solamente una celebración con música, antojitos y fuegos artificiales. El Grito enlaza la memoria de la Independencia con el presente de cada comunidad.
La tradición recuerda el inicio de la lucha encabezada por Miguel Hidalgo en 1810. Aunque el mensaje ha adquirido formas distintas con el paso del tiempo, conserva su esencia: recordar a quienes participaron en la lucha por la Independencia y reafirmar la identidad de una nación que construyó su propio camino. Cada voz que se suma a los “vivas” participa así en un acto de identidad nacional. La campana, la bandera y el Himno Nacional convierten ese instante en un lenguaje compartido.
Este año, la ceremonia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum desde Palacio Nacional reunió símbolos históricos con elementos del México actual. En su arenga mencionó a Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Gertrudis Bocanegra, Antonia Nava y Leona Vicario. También incluyó a los pueblos indígenas y afromexicanos, así como a las personas migrantes, con el llamado: “¡Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes!”. Dio vivas a la dignidad del pueblo, la libertad, la igualdad, la justicia y la democracia, antes de cerrar con un llamado a un México libre, independiente y soberano.
En Chihuahua, la gobernadora Maru Campos encabezó la ceremonia desde el Palacio de Gobierno, ante más de 46 mil personas reunidas en la Plaza del Ángel. Su arenga recordó a Hidalgo, Morelos, Guerrero, Allende, Aldama y Josefa Ortiz de Domínguez. También incluyó expresiones dedicadas a la dignidad de los chihuahuenses, la vida, la verdad y la libertad, y cerró con “¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva Chihuahua!”.
En Ciudad Juárez, el alcalde Héctor Rafael Ortiz Orpinel encabezó el Grito ante cerca de 40 mil personas en El Chamizal. Durante su mensaje recordó a Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Allende, Aldama y Vicente Guerrero. Además, destacó el carácter fronterizo de la ciudad y reconoció a quienes llegan en busca de mejores condiciones de vida, con una referencia a las hermanas y hermanos migrantes.
El Grito no es una fórmula inmóvil. Cada nivel de gobierno retoma una tradición histórica y, al mismo tiempo, incorpora palabras que considera representativas de su tiempo. Así, la Independencia se relaciona no solo con el pasado, sino también con los valores que forman parte del presente.
Las tres ceremonias compartieron una misma raíz: la memoria de la Independencia. Sin embargo, sus mensajes mostraron matices distintos. Desde el ámbito federal se habló de soberanía y de comunidades que forman parte de la nación dentro y fuera del territorio; desde el estatal se destacó la dignidad, la vida, la verdad y la libertad; y desde el municipal se puso atención en el carácter fronterizo y migrante de Ciudad Juárez. Son expresiones distintas frente a una misma fecha histórica, y cada una acerca la celebración a la realidad del lugar donde se pronuncia.
Por ello, mirar más allá del Grito no significa dejar de celebrar. Significa comprender que cada “¡Viva México!” reúne recuerdos, aspiraciones e identidades. La Independencia no es solamente el acontecimiento que inició hace 216 años; también es una referencia que cada generación interpreta desde su propia realidad.
Cuando la voz de la presidenta, la gobernadora y el alcalde se encontró con la respuesta de la ciudadanía, la tradición volvió a demostrar que México recuerda su pasado desde distintos lugares y con diferentes voces. Y quizá ahí se encuentra una de las razones por las que, después de más de dos siglos, una campana sigue convocando a millones de mexicanos: porque cada generación encuentra en ese grito una manera de reconocerse y de seguir imaginando su futuro.





