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Ciudad Juárez, Chih. México
16 de octubre 2026
2:58 pm

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Entre el dedazo, la lupa, el silencio y las rejas

Chihuahua: la democracia pide audiencia en Palacio

En la capital del estado, el PAN trae una competencia que amenaza con parecerse a esas reuniones familiares donde todos pueden opinar siempre y cuando coincidan con quien paga la comida, con César Jáuregui defendiendo su proyecto y Santiago de la Peña instalado en una posición que alimenta las lecturas sobre las preferencias de Palacio.

El secretario general de Gobierno ha declarado que buscaría el respaldo de todos, incluido el propio Jáuregui, y que una sola persona no basta para ganar una candidatura; una precisión muy saludable, porque a veces en la política chihuahuense se confunde el apoyo de la ciudadanía con tener guardado el teléfono correcto.

El ingrediente que vuelve especialmente delicado este pleito es que las recientes críticas de Maru Campos al exfiscal se refieren a su actuación en el caso de El Pinal, un asunto de responsabilidades públicas que exige esclarecimiento por sus propios méritos, aunque sus efectos alcancen de lleno la disputa panista; Jáuregui, por su parte, ha respondido en un video que no cederá a presiones y ha defendido su proceder: “A mí no me van a doblar ¡A darle hasta donde tope!” dijo en su video, o lo que es lo mismo: “voy derecho y no me quito”.

Aquí conviene separar los expedientes, aunque a los operadores les encante revolverlos, una investigación debe sostenerse en pruebas y una candidatura en reglas claras, porque cuando la procuración de justicia entra al cuarto de las nominaciones, hasta los inocentes empiezan a revisar por dónde queda la salida, porque afirmar que existe una imposición consumada requeriría evidencia adicional, pero el riesgo político está servido, si la militancia percibe que la competencia llega resuelta desde arriba, el ganador puede salir con candidatura pero sin entusiasmo debajo del brazo.

Tampoco Jáuregui adquiere patente de demócrata por enfrentarse al poder que antes integró, ni De la Peña queda descalificado por recibir simpatías de la gobernadora; a los dos les corresponde explicar qué ofrecen para la ciudad, cómo competirán y qué garantías aceptan para sus adversarios. Mientras eso ocurre, los problemas de la capital esperan turno, muy pacientes los baches, que todavía no aprenden a pedir audiencia.

Loera: la lupa llega después del resultado

El senador con licencia Juan Carlos Loera ha pedido revisión, observación y auditoría para los procesos internos de Morena, una exigencia atendible que merece algo más serio que el acostumbrado diagnóstico de “está enojado porque perdió”.

Hay, sin embargo, una precisión indispensable: la información publicada sobre su video ubica sus cuestionamientos en la designación de la coordinación estatal de Chihuahua, que recayó en Cruz Pérez Cuéllar, por lo que sería inexacto presentar ese mensaje exclusivamente como una reclamación por la contienda municipal de Juárez.

Según declaraciones a diversos medios, Loera denunció falta de imparcialidad y equidad; son señalamientos del senador, todavía necesitados de documentación y respuesta, porque una denuncia política abre preguntas, pero no trae incorporada una sentencia, dicho eso, también sería una comodidad monumental que el partido respondiera con un abrazo, una fotografía de unidad y la recomendación de que nadie vuelva a preguntar cómo salieron las cuentas.

La transparencia tiene una virtud muy incómoda, debe funcionar lo mismo cuando beneficia al compañero que cuando deja al compañero mirando desde afuera, Loera fortalecería su reclamo si precisa qué irregularidades identifica, qué documentos solicita y qué mecanismo independiente propone; Morena fortalecería su credibilidad si explica metodología, criterios y vías efectivas de inconformidad, en lugar de administrar la información como receta familiar del mole.

La militancia merece saber cómo se toman las decisiones y quienes pierden deben poder impugnarlas sin ser tratados automáticamente como traidores, aunque también les toca aceptar resultados cuando éstos se acrediten. El sarcasmo se escribe solo cuando un partido que presume escuchar al pueblo necesita que uno de sus propios cuadros le pida revisar el aparato auditivo, pero el fondo rebasa la anécdota, sin procedimientos verificables, cualquier encuesta corre el riesgo de terminar convertida en oráculo, de esos que siempre hablan clarito para la dirigencia y en arameo para los demás.

Andrea Chávez: el silencio también ocupa espacio

Andrea Chávez confirmó que continuará en Morena y asumirá la coordinación municipal de los trabajos del partido en Ciudad Juárez, según la información sobre su nombramiento; de ahí a saber qué prepara hay una distancia que ninguna columna honesta debería cruzar montada en una bola de cristal.

Si su presencia pública parece menor a la esperada, caben varias interpretaciones, reorganización, negociación interna, prudencia o sencillamente una decisión de comunicación, pero ninguna puede venderse como operación secreta comprobada, en política, además, ocurre una maravilla, alguien guarda silencio y de inmediato aparecen veinte traductores, cada uno convencido de haber escuchado exactamente lo que más le conviene. Los adversarios ven una emboscada, los aliados una estrategia magistral y los equipos se preguntan si deben organizar una reunión o revisar si todavía funciona el grupo de WhatsApp.

El problema del bajo perfil comienza cuando la discreción deja de producir claridad para quienes se supone que deben organizarse alrededor de una coordinación, en ese sentido, Andrea no tiene obligación de narrar cada conversación ni de ofrecer espectáculo diario, pero sí enfrenta la responsabilidad política de explicar prioridades, construir interlocución y mostrar para qué sirve el encargo más allá de acomodar nombres en el tablero.

Su silencio, por sí solo, no demuestra ni fortaleza ni debilidad; eso lo revelarán sus decisiones, la cohesión que consiga y su capacidad para hablar de Juárez con asuntos concretos. También sus adversarios deberían serenarse, atribuirle una maniobra formidable cada vez que no publica nada es hacerle propaganda gratuita, servicio que normalmente se cobra.

La pregunta útil, entonces, rebasa el “qué estará tramando”: qué está construyendo y cuándo podrá verlo la ciudadanía, porque una coordinación puede permitirse cierta reserva, pero una ciudad difícilmente vive de mensajes entre líneas.

Juárez: la ciudad que aprendió a cerrar por dentro

La revisión de rejas y accesos controlados en fraccionamientos juarenses toca una fibra que ningún reglamento debería tratar como simple fierro atravesado. Muchas familias recurrieron a esas barreras en los años más duros de la violencia, incluidos 2008 a 2010, cuando proteger la calle inmediata parecía más alcanzable que esperar la recuperación de toda la ciudad; aquella respuesta defensiva dejó, sin embargo, conflictos de movilidad, acceso y uso del espacio común que tampoco desaparecen porque detrás de una caseta exista miedo legítimo.

La discusión actual corresponde a una revisión de reglas y autorizaciones, no a una orden general de retirar todas las estructuras, y los reportes señalan la necesidad de examinar cada caso y distinguir entre calles públicas, condominios y desarrollos autorizados con acceso controlado. Así lo recoge la información sobre la revisión municipal. Conviene decirlo antes de que alguien convierta una mesa de trabajo en el anuncio del apocalipsis con retroexcavadora.

Los regidores de Juárez tienen enfrente algo más complicado que escoger entre abrir y cerrar, necesitan identificar la situación de cada cierre, escuchar a residentes y usuarios afectados, revisar rutas de emergencia y medir las consecuencias sobre la circulación, con información accesible y decisiones justificadas.

Quienes instalaron rejas tampoco pueden asumir que el temor concede derechos ilimitados sobre una vialidad compartida, pública, pero el Ayuntamiento difícilmente ganará confianza si exige apertura sin explicar qué respuesta dará a las preocupaciones de seguridad.

Retirar barreras sin preparación podría encender un conflicto vecinal; conservarlas todas por comodidad equivaldría a aceptar una ciudad donde cada sector resuelve su miedo mandándole el problema al siguiente.

Vaya herencia: primero los vecinos tuvieron que organizarse para encerrarse y ahora deben organizarse para discutir cómo volver a conectarse. La salida exige acuerdos, seguridad y movilidad, porque gobernar una frontera fragmentada requiere bastante más que una llave maestra y la ocurrencia de que, quitando la reja, también se quita el miedo.

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