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Ciudad Juárez, Chih. México
25 de marzo 2026
6:58 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Pagado, pero no entregado: la economía rota y una pizca de esperanza

En México, la salud pública funciona bajo una cruel ironía: el ciudadano paga su seguridad social, pero la seguridad nunca llega. En el caso del IMSS 47 en Ciudad Juárez, una paciente con cáncer tuvo que salir a protestar —literalmente— con una cartulina en mano y el cuerpo lleno de desesperación para exigir que le entregaran su tratamiento. No pedía limosna. No imploraba un favor. Exigía lo que ya pagó. Porque eso hay que recordarlo una y otra vez: los derechohabientes del IMSS no son beneficiarios, son clientes cautivos que mes con mes aportan a una institución que les da burocracia en lugar de medicina.

El caso fue tan indignante como familiar: falta de medicamentos, promesas vacías, paseos eternos entre ventanillas. Pero bastó que su historia se hiciera pública a través de los medios para que, mágicamente —como si la dignidad solo se activara con la presión social—, el IMSS apareciera con el tratamiento en mano, como si le hicieran un favor. Y ahí está el verdadero drama: no fue la ética médica la que se activó, fue el miedo al escándalo. ¿Cuántas personas más están en esa misma situación, pero sin un micrófono o una cámara que los respalde? ¿Cuántos tratamientos se niegan todos los días por falta de voluntad o de gestión? Que nadie se equivoque: este no es un caso de “respuesta oportuna”, sino de injusticia reparada solo cuando ya era demasiado evidente.

¿Acaso ahora habrá que llevar cámaras a las citas médicas para que el sistema funcione? Esto no es atención médica, es un reality show donde los pacientes compiten por sobrevivir. La salud pública se ha convertido en un sorteo: algunos logran sus tratamientos, otros mueren esperando.

Mientras tanto, la confianza del consumidor se desploma en todo el país, y Juárez no es la excepción. En junio, el indicador que mide la percepción económica de los hogares volvió a caer, empujado por la inflación, los precios de los alimentos y la incertidumbre laboral. La gente ya no planea comprar, ni invertir, ni salir de vacaciones: planea sobrevivir. En un entorno donde los ingresos no alcanzan, los servicios públicos fallan y la inseguridad acecha, ¿cómo se le puede pedir a una familia que piense en el futuro si el presente es una deuda eterna? México no está estancado, está marchando hacia atrás, con una narrativa oficial que repite logros imaginarios mientras la economía de las personas reales se deshace en la mesa de cada hogar.

El gobierno presume crecimiento económico, pero los números fríos no llenan estómagos vacíos.

Pero no todo está perdido. A veces, en medio del caos, se asoma un poco de cordura. La Secretaría de la Función Pública inició capacitaciones para servidores públicos en Ciudad Juárez, con el objetivo de mejorar la gestión y fortalecer el uso adecuado de los recursos. Ojalá estos cursos no sean como los del IMSS (que no enseñan a surtir farmacias).

Puede parecer poco, pero es algo. Porque si hay una constante que detona crisis tras crisis, es la falta de profesionalismo en el servicio público, donde se premia la lealtad política por encima de la capacidad técnica. Ojalá esta iniciativa no sea flor de un solo día y realmente sirva para formar funcionarios que entiendan que administrar una ciudad no es un juego de poder, sino un acto de responsabilidad colectiva.


Epílogo: El país de los trámites infinitos

Mientras el IMSS responde solo cuando hay cámaras, el consumidor deja de confiar en el mañana y los gobiernos locales improvisan su día a día, lo único que sostiene a este país es la paciencia de su gente. Pero que no se les olvide: la paciencia también se agota.

El verdadero cambio no vendrá de cursos ni de encuestas, sino de un sistema que deje de tratar a los ciudadanos como molestias y empiece a verlos como lo que son: la razón de su existencia.

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