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Ciudad Juárez, Chih. México
25 de marzo 2026
12:45 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Las tres fronteras: la del encierro, la del futuro y la de la simulación

Queridos juarenses, prepárense para otra vuelta en la montaña rusa de nuestra frontera, donde las noticias nos traen de todo: desde un megacentro de detención que suena a distopía hasta la tecnología y los salarios que nos roban empleos, con un pequeño alivio para los que andan sin engomado ecológico. En este circo de tres pistas, el drama no para, pero en Chihuahua ya estamos curtidos para exigir soluciones con el mismo brío con que pedimos un burrito bien servido.

La frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido en una zona donde conviven tres realidades paralelas. La primera es la del encierro. Allá en El Paso, Texas, el gobierno estadounidense está por abrir un megacentro de detención migratoria en Fort Bliss, con capacidad para miles de personas. No es una casualidad: es la institucionalización del encierro como política migratoria. El mensaje es claro, duro y sin matices: “Aquí no caben todos. Mejor ni lo intentes”.

Lo que alguna vez fue símbolo de oportunidad ahora se convierte en un muro con celdas. A diferencia del discurso de cooperación bilateral, estos centros muestran el rostro más frío de la política fronteriza: uno que no habla de integración, sino de contención. Mientras se anuncia el centro, aumentan las patrullas, los drones y las cámaras. La frontera como laboratorio de vigilancia.

Aquí en Juárez, donde sabemos lo que es vivir entre alambradas y promesas rotas, exigimos que este centro no sea otra jaula inhumana. Porque los migrantes no son números, y la frontera merece respeto, no más muros de lona.

La segunda frontera es más silenciosa, pero igual de brutal: la del cambio económico. En Ciudad Juárez, la capital maquilera, los empleos están cayendo como moscas, y no es porque la gente no quiera trabajar. El salario mínimo en la frontera se disparó 375.2 % entre 2018 y 2025, y aunque suena a buena noticia, las empresas están diciendo “hasta aquí” y reemplazando obreros con máquinas más baratas.

La tecnología avanza, los costos suben y las maquilas despiden. ¿Resultado? Miles de juarenses buscando cómo llevar el pan a la mesa mientras los robots ensamblan lo que antes hacían nuestras manos. ¡Qué modernidad tan cruel! Exigimos que las autoridades locales y federales dejen de aplaudir el “progreso” y busquen soluciones reales: incentivos para las empresas que mantengan empleos humanos y capacitación para que los trabajadores no queden en la calle. Porque en Juárez, el trabajo es dignidad, no un lujo.

Miles de puestos operativos están en riesgo ante la llegada de nuevas tecnologías y una política salarial que no se adapta. Mientras algunos celebran el nearshoring y la llegada de inversiones, otros empiezan a desaparecer de la nómina sin hacer ruido.

Aquí la tecnología no llega como una aliada del trabajador, sino como su reemplazo. El capital se moderniza; el trabajador se precariza. Y si no hay políticas públicas que preparen para ese cambio, el futuro llegará, pero no para todos.

Y en una rara muestra de clemencia, las autoridades estatales dieron un respiro de tres semanas a los conductores que andan sin engomado ecológico. ¡Aleluya, no más multas… por ahora! Desde el 26 de julio, tienes hasta mediados de agosto para ponerte al corriente sin que te saquen los ojos con una sanción. Pero no canten victoria: este programa, que busca reducir la contaminación, no va a esperar a los rezagados para siempre. En una ciudad donde el aire a veces parece sopa de smog, este alto es una oportunidad para que todos nos pongamos las pilas. Así que, juarenses, corran a tramitar su engomado, porque el medioambiente no negocia, y el gobierno menos. ¡Aprovechemos el chance y cuidemos nuestra ciudad antes de que las multas regresen con más hambre!


Epílogo: cierre con un grito fronterizo

Tres fronteras. Tres maneras de enfrentar (o evadir) la realidad. En una, te encierran por intentar avanzar. En otra, te sustituyen sin darte opciones. Y en la tercera, te detienen las multas para que te alivianes y regularices. A veces da la impresión de que, en esta frontera, el único que no cruza es el sentido común.

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