En los últimos años ha surgido un grupo denominado Faceta Empresarial, integrado por pequeños y medianos empresarios que han decidido organizarse y reagruparse con un objetivo claro: buscar mayor capacitación y formar frentes comunes ante las adversidades económicas que enfrenta México. Aunque discreto, el grupo ha comenzado a crecer y a generar presencia en el sector, lo cual no es fortuito, sino producto de un contexto donde muchos se sienten cada vez menos representados.
Dentro de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), organismo que debería ser la voz de estos empresarios, se arrastran problemas que han desgastado su imagen. Desde hace varios años las elecciones internas dejaron de ser procesos libres y abiertos, para convertirse en prácticas cada vez más pragmáticas y secretas, lo que ha generado desconfianza entre sus integrantes. Esta percepción ha calado, sobre todo, en los micro y medianos empresarios, que constituyen la mayoría dentro del organismo.
A esta situación se suma que al interior de la Canaco se afirma que existe una investigación y auditoría contra su expresidente, Omar Armendáriz, por un desfalco ya señalado anteriormente. Este hecho ha terminado de decepcionar a muchos socios, quienes ven en estos señalamientos la confirmación de que las irregularidades han debilitado la credibilidad de la Cámara. El malestar, poco a poco, ha ido encontrando cauce en nuevas formas de organización más independientes.
Es precisamente en este terreno donde Faceta Empresarial comienza a cobrar relevancia. Lejos de buscar protagonismo mediático, sus integrantes han entendido que en la política y en la vida pública ya no son los grandes monopolios los que imponen la agenda, sino los pequeños grupos que logran unirse, capacitarse y mantenerse firmes ante la adversidad. Hoy, Faceta Empresarial representa para muchos la posibilidad de renovación y de contrapeso frente a un modelo empresarial que, desde hace tiempo, parece agotado.
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Por si fuera poco, el nuevo presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Alejandro Lazzarotto, y nuevo entre comillas porque ya tiene varios meses que entró, se ha dado cuenta de que tal vez no eran únicamente temas de grilla o simples chismes en contra de Omar Armendáriz. Ahora, dentro de la auditoría en curso y al profundizar en el tema, se ha revelado que sí existe efectivamente un desfalco cuantioso, de acuerdo con quienes están sumergidos en el interior de la propia Canaco.
La acusación es muy fuerte: en la administración de Armendáriz habría ocurrido un desfalco no de decenas de miles, sino de cientos de miles de pesos, y algunos de esos recursos habrían provenido incluso de las cuotas de los socios. Un señalamiento de ese tamaño no puede pasar desapercibido, pues golpea directamente la confianza de los empresarios en un organismo que, por definición, debería velar por la transparencia y la representación de sus agremiados.
Ante ello, lo que correspondería sería un gesto claro de transparencia. Sería un excelente ejercicio que Omar Armendáriz, con la misma apertura que manejó durante el proceso de la elección, salga públicamente a desmentir todo, incluso a desmentir a quienes hoy lo investigan desde el interior de la Canaco. El silencio solo abona a la incertidumbre y confirma la percepción de que algo no marcha bien.
Porque, como suele suceder en estos casos, cuando empiecen a caer los alfiles más chicos, probablemente terminen poniendo al más grande. Y la historia de la Canaco, al menos en Chihuahua, está por escribirse no en los salones de protocolo, sino en las auditorías que empiezan a destapar lo que por años se había intentado mantener bajo la alfombra.
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Resulta que en Cuauhtémoc la Junta Municipal de Agua y Saneamiento ya no solo surte líquido: también reparte empleos para reacomodos políticos. Miguel López, su titular, parece haber inaugurado una nueva ventanilla: “Renuncias y contrataciones al dos por uno”.
El caso de Christian Andrade es la prueba. Dejó la planilla de Héctor Hernández para sumarse a la de Ricardo Zalazar, justo después de que oh, casualidad, le ofrecieran un puestecito en la JMAS. Ya no se trata de convencer con ideas, sino de comprar con nómina.
La torpeza fue monumental: un boletín con foto oficial, como si la contratación disfrazada fuera un logro político digno de presumir. En la imagen, Andrade sostiene papeles que bien podrían ser la carta de renuncia… o el contrato de su nuevo empleo.
El problema no es solo el trueque, sino el descaro. Zalazar y López creen que los panistas y ciudadanos no distinguen entre principios y transacciones, entre política y mercadotecnia de favores.
Al final, lo único que lograron demostrar es debilidad. Porque cuando una planilla necesita la chequera pública para sumar, lo que en realidad exhibe es que no tiene nada más que ofrecer.