En Ciudad Juárez la agenda pública suele girar en torno a la improvisación y el contraste: mientras se invierten millones de pesos en festejos, la vida cotidiana de los ciudadanos transcurre entre baches, inseguridad e impunidad. No es exageración, es la descripción puntual de lo que ocurre en esta frontera.
La primera perla de la semana la protagonizaron los regidores del municipio, que aprobaron 10 millones de pesos para el festejo del 50 aniversario de la UACJ. Una cifra nada despreciable para un evento acadĂ©mico y cultural que, sin duda, tiene relevancia histĂłrica, pero que resulta ofensiva si se compara con la realidad que enfrentan los propios estudiantes y la ciudadanĂa en general. ÂżQuĂ© sentido tiene destinar semejante cantidad de dinero cuando los alumnos denuncian que sus baños no tienen jabĂłn ni papel, que el transporte universitario no es seguro y que la infraestructura presenta fallas graves? Parece que para las autoridades municipales los festejos valen más que la dignidad diaria de los estudiantes.
La indignaciĂłn en redes sociales no se hizo esperar. Los comentarios coincidĂan: Âżpor quĂ© gastar 10 millones en celebraciones si las calles siguen llenas de baches, si la seguridad está desbordada y si las colonias padecen un abandono histĂłrico? La respuesta implĂcita está en la lĂłgica polĂtica: la foto, el acto masivo, el discurso emotivo, pesan más que la inversiĂłn en problemas reales. La UACJ merece conmemorarse, nadie lo duda, pero la pregunta correcta serĂa: Âżdebe pagarlo la ciudadanĂa en un momento donde el dĂ©ficit de servicios es brutal?
Y si el despilfarro municipal duele, la disculpa pĂşblica anunciada por el excomisionado del INM, Francisco Garduño, por el incendio en la estaciĂłn migratoria de Juárez es un bálsamo que sabe a hiel. El 26 de septiembre, en una ceremonia para las 27 vĂctimas directas –parte de las 40 que perecieron en 2023 en ese infierno de negligencia–, Garduño ofrecerá sus palabras de arrepentimiento, como si un “lo siento” pudiera apagar las llamas que consumieron vidas de migrantes hacinados sin protocolos ni dignidad. La resoluciĂłn judicial de enero de 2025, que concediĂł suspensiĂłn a su proceso penal, allanĂł este gesto, pero Âży las familias? ÂżLas que perdieron hijos en un centro que era más cárcel que refugio? Justo despuĂ©s del Grito de Independencia, donde se vitoreĂł a “nuestros hermanos migrantes”, esta disculpa llega como un eco vacĂo, un ritual que cierra el capĂtulo sin abrir heridas de verdad.
La ironĂa se impone sola: se vitorea al migrante en la plaza pĂşblica, mientras la memoria reciente recuerda que se les dejĂł morir bajo llave en un centro de detenciĂłn. La disculpa, aunque necesaria, llega tarde y suena hueca, más a trámite legal que a gesto humano.
Para cerrar con un puñetazo al estĂłmago, los policĂas de Juárez que hacen su trabajo –patrullando calles donde más de 700 homicidios marcan el año– ven cĂłmo la justicia les da la espalda en crĂmenes donde ellos mismos perecen impunemente. La mayorĂa de los ataques con mĂşltiples vĂctimas fatales contra elementos de la SSPM no han llevado a un solo culpable al banquillo, dejando a los uniformados como blancos fáciles en una guerra donde el crimen dicta las reglas.
En septiembre, con 50 balaceras que ya suman un repunte, los policĂas arriesgan el cuello sin el respaldo de una FiscalĂa que archiva casos o los pierde en el limbo. QuĂ© crueldad: mientras el alcalde presume patrullas nuevas en su informe, los agentes que las manejan mueren o sobreviven con el miedo de que sus asesinos caminen libres. En una ciudad donde el CERESO rebosa con 4,555 reclusos y los secuestros rompen rĂ©cords, la impunidad contra los guardianes de la ley es un veneno que corroe todo. Porque si ni siquiera los policĂas encuentran justicia, ÂżquĂ© esperanza le queda a la ciudadanĂa que depende de ellos?
Juárez, la ciudad que en tres eventos se ha gastado casi 50 millones para fiestas, disculpas que no curan y policĂas abandonados a su suerte, clama por lĂderes que vean más allá de los reflectores.





