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Ciudad Juárez, Chih. México
24 de marzo 2026
2:36 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

El azul entre corrales, albergues como elefantes y se hará el ribeye en Texas

Qué pasos tan extraños está dando el Partido Acción Nacional en Juárez. En los últimos meses, su dirigente local se había mantenido en la sombra, como si el partido viviera un largo letargo político. Ulises Pacheco, actual jefe del blanquiazul, no había sacado ni las narices en temas relevantes para los juarenses… Pero cuando por fin lo hace, no es para marcar rumbo, ni para fijar postura, ni para tender puentes con la sociedad civil; aparece para revivir los fantasmas del corralato, aquel periodo de arrogancia política que dejó más rupturas que victorias.

El flamante presidente del Comité Directivo Municipal del PAN en Juárez sale a la luz, pero lo hace con un músculo que apesta a corralato rancio, ese clan de Javier Corral Jurado que sigue influyendo como un fantasma en el partido de Manuel Gómez Morín.

En su primera movida visible, Pacheco nombra a Jorge Alberto Espinoza Cortés como coordinador jurídico del comité, y esto huele a revancha interna. ¿Se sumarán más figuras del corralato? Esos leales que no olvidan las deudas, favores y puestos prestados, ocupando los asientos del frente como si el PAN fuera un rodeo donde el jefe de la manada puede cambiar de color.

El regreso del viejo grupo de Javier Corral, disfrazado ahora de consejo y respaldo, es una jugada arriesgada. El exgobernador, hoy inmerso en Morena, parece seguir moviendo los hilos de un PAN que no termina de entender si quiere ser oposición, aliado o espectador.

Es incomprensible: el partido, que ratificó a Pacheco con pompa en septiembre, ahora muestra el tendón de Aquiles del azul local. ¿Será que están entregando Juárez en bandeja de plata? Porque el PAN parece más interesado en saldar cuentas internas que en oponerse al guinda que lo aplastó en 2024.

En política, la tibieza no suma, desgasta. Y en Juárez, donde la oposición debería estar tejiendo unidad, la dirigencia local juega con fuego mientras su base se apaga.


Y si el PAN se enreda en sus propios corrales, el mega albergue para migrantes en Juárez, ubicado en el famoso “punto” de El Chamizal, se infla como un elefante blanco que nadie quiere domar. Un monstruo de carpas y promesas que se come millones sin que nadie tome las riendas para recortarlo a la medida real. Lo habíamos señalado ya varias veces: este coloso, diseñado para 3,000 almas pero con capacidad para 5,000, siempre estuvo sobredimensionado.

El gobierno federal, con su mantra de “primero los pobres”, destinó 1,200 millones de pesos para esta mole en el poniente. Pero ahora, con ocupación al 40% y costos operativos que escalan como la inflación local, urge una tijera que corte lo superfluo: ¿para qué 5,000 camas si el flujo es de 1,500 mensuales? ¿O salones multifuncionales si los migrantes prefieren rutas rápidas para salir de la ciudad?

El mega albergue, que Claudia Sheinbaum presumió en su gira como símbolo de humanidad, se ha convertido en un lastre que consume recursos que podrían ir a albergues pequeños y ágiles, o a programas de integración que no dejen a la gente varada en un palacio de poliéster con vinilo.

Esto no es error de cálculo; es un proyecto que nació grande para impresionar, o si quiere usted, para aparentar planeación. Ahora pide ajustes que nadie hace por temor a admitir el sobredimensionamiento. No hay quien asuma decisiones, y cada mes se siguen destinando recursos públicos a un proyecto que podría convertirse en el nuevo elefante blanco de la frontera.

Mientras tanto, las políticas migratorias siguen cambiando al ritmo de Washington, y el flujo de personas no cesa, pero tampoco aumenta. Juárez necesita soluciones de gestión, no monumentos a la improvisación. La pregunta es: ¿quién se atreverá a decir “basta” y reordenar este despropósito antes de que se hunda del todo?


Y entre tanto gris político y burocrático, una buena que sabe a ribeye jugoso: desde Texas llega una señal positiva. El gobierno estatal planea reabrir parcialmente la frontera al comercio ganadero mexicano.

La medida tiene un claro trasfondo económico —los precios de la carne se han disparado en Estados Unidos—, pero también representa una oportunidad para los productores del norte de Chihuahua, que por meses han enfrentado restricciones, revisiones excesivas y demoras por motivos sanitarios.

Donald Trump, en su ya característico estilo, busca ahora importar carne argentina para mitigar los precios, que subieron 8.5% en 2025 según el USDA; sin embargo, la mejor opción sigue estando justo al sur del Río Bravo. La carne chihuahuense, con su pastoreo en la sierra y estándares que superan a la sudamericana, es reconocida en todo el continente. Si el intercambio vuelve a fluir, el campo podría recuperar oxígeno y dignidad.

Es una ventana que el sector debe aprovechar con estrategia y unidad, no con la confianza ciega de los buenos tiempos. Si algo nos ha enseñado la relación con Texas es que las oportunidades duran lo que tarda la política en volver a cambiar de humor.

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