En Chihuahua capital ya se escuchan los tambores de guerra como si el 2027 fuera mañana. Los polĂticos empiezan a calentar motores, a desplegar operadores y a probar discursos. Allá arriba, donde el aire es más seco y el cafĂ© más fuerte, las tribus del poder se preparan para una contienda que promete ser encarnizada.
En primera lĂnea aparece CĂ©sar Jáuregui, un viejo zorro de la polĂtica estatal que conoce bien los pasillos del poder y sus trampas. Su nombre trae experiencia, pero tambiĂ©n desgaste. En la otra esquina está Brenda RĂos, que representa la bandera verde, pero juega más con las reglas de Morena que con las del ambientalismo. Y en medio del ring, un nombre que empieza a colarse con fuerza: Hever Quezada, que se presenta como un invitado sorpresa que nadie vio venir y parece estar ganando terreno sin hacer tanto ruido. Al fondo, el “caballo” Lozoya galopa con lo justo para que nadie lo descarte del todo.
Este tamborileo capitalino es un recordatorio de que la guerra por el poder no espera bardas: se declara en encuestas y sonrisas que esconden codazos. Qué ritmo tan acelerado.
Curiosamente, mientras en la capital se desata la efervescencia, en Juárez hay un silencio polĂtico extraño, como si la clase polĂtica local prefiriera no moverse hasta saber quiĂ©n encenderá primero la mecha. No hay señales claras de organizaciĂłn ni de competencia real. Tal vez porque la ciudad sigue en crisis o porque muchos sienten que el tablero no se ha definido. Pero quien se quede quieto demasiado tiempo corre el riesgo de quedarse fuera del juego.
Y si los tambores retumban en la capital, en el estado el enredo digital parece un tango sin pareja: chocan por la licencia digital de conducir, un documento virtual que deberĂa ser el futuro, pero se queda en promesas de papel.
Acabamos de ser testigos de un nuevo episodio del desorden administrativo entre el Gobierno del Estado y el Gobierno Municipal de Ciudad Juárez: ni siquiera pueden ponerse de acuerdo con la famosa licencia digital. Si un documento virtual causa tanto pleito, ÂżquĂ© se puede esperar en temas realmente complejos como la seguridad o la economĂa?
La iniciativa, que propone una app para mostrar la licencia en lugar de portar el plástico, se enreda en tecnicismos: ÂżquiĂ©n la emite?, ÂżcĂłmo se valida?, ÂżquĂ© pasa si la baterĂa se muere? Mientras tanto, los juarenses siguen cargando su plastiquito de PVC como reliquia de los noventa, y el estado pierde tiempo en discusiones que podrĂan resolverse con un clic. QuĂ© visiĂłn tan anacrĂłnica.
Y mientras allá discuten sobre trámites, en Juárez los aduanales siguen tocando la alarma: el cierre del Puente Libre está asfixiando al comercio y al transporte fronterizo. Están desplumando a la gallina de los huevos de oro y nadie parece reaccionar. Ni el Gobierno Federal, ni el Estatal, ni los organismos empresariales. El Consejo Coordinador Empresarial —que deberĂa ser la voz más fuerte de la frontera— parece estar en modo silencio. Ni presiĂłn polĂtica, ni propuesta, ni defensa de fondo. Y asĂ, poco a poco, Juárez sigue pagando las consecuencias del abandono.
Los agentes aduanales, con su sindicato al frente, reclaman que el CCE —ese gremio de empresarios que presume competitividad— se queda callado mientras el cierre del puente genera colas eternas que cuestan millones en demoras y oportunidades perdidas. “El CCE no hace nada, se cruza de brazos mientras nosotros perdemos”, mascullan, recordando que el puente, vital para el 40 % del flujo vehicular, paraliza maquilas y comercio con inspecciones que parecen rituales de otro siglo. El cierre del Libre es un sangrado silencioso que el CCE ignora, dejando a los agentes como los únicos que gritan por eficiencia.
La frontera, que antes era el motor del norte, hoy parece caminar sola, cargando con la ineficiencia de los de arriba.





