Ricardo Benjamín Salinas Pliego, el magnate de TV Azteca y Elektra que colecciona enemigos como si fueran acciones en bolsa, mueve sus fichas en un tablero donde la política mexicana se cruza con el trumpismo como un tango de alto riesgo. No hay coincidencias, entiendan: todo está fríamente calculado, como un algoritmo que predice likes antes que quiebras.
Días atrás, Salinas asiste a la cena festiva de Donald Trump en Washington —invitado oficial, no pagado, como él mismo desmintió con un mail de la Casa Blanca que dejó a los oficialistas con la boca abierta y los dedos en el teclado de la desinformación—. ¿El timing? Impecable: al día siguiente, sube fotos con Christopher Landau, el exembajador gringo en México apodado “el quita visas” por su mano dura contra corruptos y narcos, y otra con el propio Trump, ese naranja que promete aranceles como si fueran golosinas. ¿Casualidad? Por favor: en política, las selfies son declaraciones de guerra.
Horas después, la presidenta Claudia Sheinbaum, con la gracia de quien recita un guion de mañanera, suelta la bomba: el SAT le notifica a Grupo Salinas un adeudo de 51 mil millones de pesos —actualizado con recargos mensuales como si fuera interés compuesto del diablo—, pero con un descuento del 39 % si paga en enero, bajando la factura a unos 31 mil 110 millones. ¿Alivio? Claro, para un empresario que ya ha litigado años contra el fisco y ahora ve la luz al final del túnel fiscal. Pero el sarcasmo gotea: semanas antes, Sheinbaum juraba que “no habría condonaciones” para grandes deudores, recordándonos el decreto de AMLO en 2018 que prohibía perdones inmorales.
Ahora, “la ley es la ley”, dice ella, como si el Código Fiscal de la Federación no oliera a conveniencia selectiva. Salinas, astuto como un zorro en Wall Street, responde con un tuit que corta como navaja: “Pagamos y listo”, pero exige el desglose detallado para “constatar que es cierta esa cantidad o de dónde la sacan”. ¿Por qué? Porque 51 mil millones no caen del cielo; son el acumulado de litigios perdidos por Elektra y TV Azteca, con recargos que crecen como bola de nieve. Y mientras el empresario presume su alineación con Trump —ideología derechista, casi libertaria como Milei, antiestatista hasta la médula—, su postulación para 2030 como candidato presidencial no es chisme de pasillo: es un faro para la derecha mexicana, esa que sueña con barrer a Morena con promesas de menos impuestos y más mercados libres.
El descuento del 39 % —previsto en la ley para deudores “voluntariosos”— es un guiño cínico que desmiente la austeridad republicana. Salinas sale ganando: alivio fiscal y narrativa de mártir perseguido, comparándose con Trump como “víctimas políticas”. La 4T, en cambio, queda con el pie en la puerta: ¿justicia fiscal o extorsión disfrazada de descuento? En este ajedrez binacional, el rey naranja mueve peones y Salinas —con su imperio mediático— podría ser el alfil que cambie el tablero para 2030.
Pero vayamos al meollo que pudre el sistema desde adentro: el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), esa quimera de 2016 que prometía ser el guardián de la probidad pública, entra en una parálisis inducida que huele a eutanasia asistida por Palacio Nacional. A partir del 28 de enero de 2026, el país quedaría ciego ante la corrupción, como un boxeador noqueado sin árbitro. ¿Cómo? El Comité de Participación Ciudadana (CPC), el corazón ciudadano del SNA —ese que debería fiscalizar a los fiscales con ojos independientes—, se disuelve por tiempo cumplido: sus siete integrantes, designados en 2016, terminan mandato sin sucesores nombrados.
La Secretaría de la Función Pública (SFP) y el Congreso —dominados por la guinda— han postergado la renovación como si fuera un trámite de oficina, dejando al SNA cojeando con un 75 % de órganos clave vacíos o inoperantes. ¿Ejemplos? Oaxaca borró su sistema estatal entero; en CDMX, Colima, Guerrero, Morelos, Nuevo León, Querétaro, Sonora y Veracruz, los CPC son cascarones huecos. Es la agonía lenta: el SNA, que nació para coordinar federación, estados y municipios en la cacería de corruptos, ha sido desangrado desde el sexenio anterior —con recortes presupuestales que lo paralizaron en 2017— y ahora, bajo Sheinbaum, se acelera el coma.
¿Patrón? El mismo que mató al INAI en marzo de 2025 —ese INAI que velaba por la transparencia como un perro guardián— y cooptó la CNDH, convirtiéndola en megáfono oficialista. Eduardo Bohórquez, de Transparencia Mexicana, lo clava: el SNA depende del Ejecutivo, que lo usa para perseguir selectivamente (huachicol fiscal sí, Segalmex con 3 mil millones perdidos, no). ¿Resultado? Una Fiscalía Anticorrupción que archiva 97 % de expedientes y un país donde la corrupción —57 % de la población la ve como el mal mayor— campa a sus anchas. ¿Inducida?
Absolutamente: sin CPC, no hay vigilancia ciudadana; sin vigilancia, el SNA es un tigre sin dientes. Debemos estar atentos, sí: porque cuando el guardián duerme, los lobos —de cualquier color— entran por la puerta principal.
Y para no terminar con tanta sombra —porque hasta en diciembre, el desierto necesita un oasis—, aterricemos en Juárez con un arranque que brilla como asfalto fresco: la inauguración de la prolongación de la avenida Las Torres, esa obra que la gobernadora Maru Campos convirtió en realidad con 35 millones de pesos del Fideicomiso de Puentes Fronterizos, respondiendo a un clamor histórico del suroriente que data de diciembre pasado. Desde el bulevar Manuel Talamás Camandari hasta la calle Yepómera, tres carriles nuevos para desahogar 42 mil vehículos diarios, beneficiando a más de 500 mil juarenses que ahora llegarán más rápido a escuelas, maquilas y mercados.
¿Impacto en movilidad? Monumental: tiempos de traslado reducidos en un 30 a 40 %, menos congestiones que convierten avenidas en estacionamientos eternos y un flujo que alivia el caos sin tocar la vía existente —obra inteligente, en terreno nuevo, para no interrumpir el pulso diario—.
¿Económicamente? Un catalizador: conectividad que inyecta oxígeno, atrayendo inversión a parques industriales, impulsando el comercio local y acortando cadenas logísticas en un Juárez que respira por el T-MEC.
¿Medio ambiente? El toque verde que faltaba: diseño con banquetas amplias para peatones y ciclistas, iluminación LED eficiente y espacios para arboleda que mitigan el calor asfáltico, reduciendo emisiones por menor tráfico atascado —menos gasolina quemada en ralentíes, más aire limpio en una ciudad que tose con contaminantes industriales—.
Y el broche diplomático: Maru inauguró el tramo sola; la flanquearon el cónsul general de Estados Unidos en Juárez, Robin Busse, y el cónsul general de México en El Paso, Mauricio Ibarra Ponce de León, junto al alcalde Cruz Pérez Cuéllar y un desfile de funcionarios que sellan la cooperación binacional. No discursos huecos: hechos que construyen puentes —literal y metafóricamente—.





