México ha registrado en los últimos años una serie de accidentes ferroviarios que han dejado decenas de víctimas y han puesto bajo escrutinio la seguridad en el sistema ferroviario y de transporte masivo.
Entre los hechos más recientes, destacan los descarrilamientos y choques ocurridos en Oaxaca, Tabasco y el Estado de México, además del colapso de un tramo de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, uno de los incidentes más mortíferos en la historia del transporte urbano del país.
El evento más reciente ocurrió el 28 de diciembre de 2025, cuando un tren del Corredor Interoceánico se descarriló en el estado de Oaxaca, dejando 13 personas sin vida y al menos 98 heridas.
El siniestro tuvo lugar en un tramo de curvas pronunciadas, mientras continúan las investigaciones para determinar las causas oficiales. Este accidente se convirtió en el más grave desde la puesta en operación del proyecto ferroviario impulsado en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y consolidado por la administración de Claudia Sheinbaum.
Este hecho se suma al choque entre un tren y un autobús registrado el 8 de septiembre de 2025 en Atlacomulco, Estado de México, donde alrededor de 10 personas murieron y más de 50 resultaron lesionadas. Según las primeras indagatorias, el autobús habría intentado cruzar la vía sin respetar la señalización, lo que desató un fuerte debate sobre la falta de infraestructura de seguridad en numerosos cruces ferroviarios del país.
Otro de los accidentes recientes más recordados es el descarrilamiento del tren conocido como “La Bestia”, ocurrido el 25 de agosto de 2013 en Huimanguillo, Tabasco. El hecho dejó 12 migrantes muertos y más de 20 heridos, y evidenció las peligrosas condiciones en que miles de personas viajan sobre trenes de carga en su intento por llegar a Estados Unidos.
El incidente, registrado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, provocó críticas internacionales y múltiples recomendaciones sobre protección a migrantes en tránsito.
A estos casos se suma una de las tragedias más dolorosas de la movilidad urbana en el país: el desplome de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, ocurrido el 3 de mayo de 2021.
El colapso, registrado en la zona de Olivos, dejó 26 personas fallecidas y más de 80 lesionadas. El incidente, ocurrido durante la administración de Claudia Sheinbaum en la CDMX y a nivel federal durante el gobierno de López Obrador, expuso fallas estructurales de origen, omisiones en mantenimiento y deficiencias en la supervisión de la obra inaugurada en 2012. El caso aún genera controversia por sus implicaciones técnicas, administrativas y políticas.
Finalmente, uno de los siniestros más graves de las últimas décadas se registró el 10 de agosto de 1989 en Guasave, Sinaloa, cuando el colapso de un puente provocó que varios vagones cayeran al río San Rafael. El saldo fue de 112 muertos y 205 heridos, lo que lo convierte en el segundo accidente ferroviario más mortífero en la historia moderna de México. La tragedia ocurrió durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y evidenció riesgos por falta de mantenimiento en infraestructura clave.
Los cinco casos, separados por décadas pero unidos por su magnitud, han reactivado el debate nacional sobre la urgencia de fortalecer la supervisión, el mantenimiento y la modernización de las vías férreas y sistemas de transporte masivo, especialmente en momentos en que México impulsa nuevos proyectos estratégicos como el Tren Maya, el Interoceánico y la expansión del transporte metropolitano.





