Este 2026 en Chihuahua ya huele a campaña. Mientras el resto del país guarda los adornos navideños, en Morena ya están midiendo el año con vara electoral: ¿quién será el ungido (a) para las candidaturas en el 2027? Porque, entiendan, en el estado grande, la política no empieza en enero de 2027; empieza el primer día hábil del 2026.
En política, anticipar no es ventaja: es estrategia con sello de poder. Y en 2026, MORENA —el partido en el gobierno nacional y con fuerte presencia en Chihuahua— decidió convertir ese principio en modus operandi. La elección de candidatos para 2027 no será un proceso que se resuelva cuando marque el calendario; será un proceso que se dirimirá mucho antes de que empiece oficialmente.
Las definiciones —desde la gubernatura hasta las principales alcaldías— se perfilan como reservadas, anticipadas y coordinadas por un mando centralizado antes que por la simple mecánica de las fechas oficiales. Así funcionó en el proceso presidencial, con una carrera de “corcholatas” que definió el rumbo mucho antes de que los estatutos lo exigieran. Y ahora parece que ese playbook se replicará aquí, en Chihuahua, con la figura de coordinador o coordinadora estatal como primer paso: poder antes de la candidatura, narrativa antes del registro.
Es una lógica que, desde adentro, se vende como “aprovechar el tiempo para posicionar”, pero desde afuera genera una percepción inquietante: que la definición de quién representará a MORENA no será resultado de diálogo interno, sino de acuerdos con anticipación y bajo presión de tiempo.
Así, las encuestas —que oficialmente deberían ser instrumento de legitimación— no serán necesariamente meras herramientas de medición… sino mecanismos de justificación de decisiones ya tomadas desde el centro del país. Y en la arena guinda, eso traduce más propaganda temprana que trabajo de campo real; más autoposicionamiento que debates internos fuertes.
En Chihuahua hay nombres que suenan con fuerza, primero dos figuras centrales: el alcalde de Cd. Juárez, Cruz Pérez Cuéllar —con trabajo territorial bien visible—, y la senadora Andrea Chávez —con una dinámica inigualable en redes sociales—. Pero así como esos nombres dominan las encuestas, también ilustran un riesgo político: que se privilegie la carrera anticipada sobre la construcción de consensos reales.
En estos dos candidatos en especial, debemos estar muy atentos a cuál es el grupo interno a nivel nacional que tiene mayor peso en la toma de decisiones y que pueda generar influencias en Palenque, Chiapas, que es donde posiblemente se entregue el abanderamiento. La pugna es entre Ricardo Monreal —que apoya a Cruz Pérez Cuéllar— y Adán Augusto López —cuya favorita es Andrea Chávez Treviño—.
También existen otros nombres que podemos considerar en el listado a la gubernatura. El senador Juan Carlos Loera de la Rosa es uno de ellos; es un candidato natural, aunque ya perdió en el año 2021, cuando fue el designado por el expresidente López Obrador. Se dice que le sigue “midiendo el agua a los camotes”, aunque ya fijó su mirada en la candidatura a la alcaldía de Cd. Juárez. Su problema es que no cuenta con el apoyo de grupos sólidos en el poder y, mucho menos, con financiamiento que lo respalde.
Y hay dos figuras que pueden resonar: Mayra Chávez y Cuauhtémoc Estrada, cartas fuertes de la secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, que también tiene sus quereres con Chihuahua a pesar de no ser de aquí. Aquí bastará la definición de Claudia Sheinbaum si es que busca tener un control más directo sobre el estado. Además, Ariadna cuenta también con el aval de Palenque. Mayra y Estrada podrían colocarse en las alcaldías de Juárez y Chihuahua, respectivamente.
En un país donde la ciudadanía exige claridad, cohesión y resultados, lo que se está cocinando en MORENA no es necesariamente lo que la gente quiere o lo que el electorado pide, sino lo que el aparato partidista decide que debe suceder.
Y ahí está el desafío:
¿Será MORENA capaz de transformar anticipación en legitimidad real, o solo conseguirá consolidar una maquinaria de imagen —otra vez— por encima de un proceso de construcción política auténtico?
El tiempo lo dirá. Pero 2026, en este tono, no será simplemente un año de campañas: será un laboratorio político donde se definirá quién tiene agenda… y quién solo tiene relatoría.





