El líder norcoreano Kim Jong Un ha emitido una declaración histórica al cierre del congreso del Partido de los Trabajadores, sugiriendo por primera vez en años la posibilidad de “llevarse bien” con Estados Unidos, bajo la estricta condición de que la administración de Donald Trump reconozca formalmente a Corea del Norte como una potencia nuclear. Sin embargo, este atisbo de apertura diplomática con Occidente contrasta con una postura implacable hacia Corea del Sur, a la que calificó como su enemigo “más hostil” y con la que descartó cualquier posibilidad de reunificación.
El giro estratégico con Estados Unidos
La retórica de Kim parece alinearse con los recientes gestos del presidente estadounidense, quien durante su gira por Asia en 2025 se mostró dispuesto a reunirse con el líder norcoreano y admitió que Pyongyang es, en efecto, una potencia nuclear. Kim Jong Un condicionó la normalización de las relaciones a dos puntos clave:
- Reconocimiento Constitucional: Washington debe respetar el estatus nuclear de Corea del Norte, tal como lo estipula la ley fundamental del país desde su enmienda en 2024.
- Abandono de la Política Hostil: El cese de sanciones y ejercicios militares conjuntos en la región sería la base para una coexistencia pacífica.
Este planteamiento ocurre en un momento crítico, ya que se especula sobre un posible encuentro entre Trump y Kim en abril de 2026, aprovechando la visita del mandatario estadounidense a China.
Ruptura definitiva con Corea del Sur
A diferencia de la flexibilidad mostrada hacia Washington, Kim Jong Un cerró filas contra Seúl, calificando de “engañosos” los intentos conciliadores del gobierno surcoreano. La narrativa de “una sola nación” ha sido oficialmente enterrada por Pyongyang:
- Exclusión Permanente: Kim afirmó que excluiría definitivamente a Corea del Sur como “compatriota”, definiéndola legalmente como una entidad ajena y enemiga.
- Enmienda de 2024: Corea del Norte ya modificó su Constitución para etiquetar a Seúl como un “Estado hostil”, lo que elimina los mecanismos de cooperación intercoreana y eleva el riesgo de incidentes militares en la frontera.
- Desprecio Diplomático: “No tenemos absolutamente nada que tratar con Corea del Sur”, sentenció el líder, marcando el punto más bajo en las relaciones bilaterales en décadas.
El papel de China y la realidad nuclear
Analistas internacionales coinciden en que el arsenal de Pyongyang ha crecido significativamente en los últimos años, lo que hace que la política de desnuclearización sea percibida por algunos como una meta poco realista. En este tablero, China sigue siendo el actor fundamental; como principal aliado económico de Kim, Beijing busca mantener la estabilidad del régimen norcoreano mientras intenta evitar que la escalada nuclear provoque una presencia militar estadounidense aún mayor en su zona de influencia.
La consolidación de la doctrina de disuasión nuclear norcoreana y su nueva arquitectura constitucional presentan un desafío sin precedentes para la diplomacia internacional en 2026, donde el reconocimiento de facto del arsenal de Kim parece ser el precio de entrada para cualquier negociación de paz.





