México cerró la segunda ronda de negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en Washington, en un contexto de alta tensión comercial y revisión de condiciones clave del acuerdo. Las conversaciones, encabezadas por el equipo del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se centraron en temas sensibles como las reglas de origen en el sector automotriz, así como los aranceles al acero y aluminio, considerados puntos críticos para la competitividad regional. La delegación mexicana mantuvo su postura de defender la integración económica de Norteamérica como base del tratado vigente.
En paralelo a estas negociaciones, el expresidente estadounidense Donald Trump volvió a generar incertidumbre al insistir en que Estados Unidos “no necesita” el T-MEC y al mantener un discurso de mayor presión comercial hacia sus socios. Su postura se ha interpretado como parte de una estrategia más proteccionista, en la que Washington busca endurecer las condiciones del acuerdo, especialmente en sectores estratégicos como el automotriz y el acero, lo que ha elevado la tensión diplomática en la mesa de diálogo.
Pese a este escenario, el gobierno mexicano ha reiterado que el tratado sigue siendo fundamental para la economía de los tres países y que su eliminación tendría efectos negativos en empleo, inversión y precios. La administración de Claudia Sheinbaum ha subrayado que el T-MEC es un acuerdo con base legal sólida y que debe mantenerse mediante ajustes negociados, no mediante su ruptura. Se espera que las siguientes rondas de revisión continúen en las próximas semanas, con el objetivo de alcanzar acuerdos antes de la fecha límite establecida.





