La administración del presidente Donald Trump revocó una de las protecciones más importantes de la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA), una norma que durante más de cinco décadas impedía la destrucción de hábitats esenciales para la supervivencia de animales y plantas amenazados. Con este cambio, actividades como la tala, la minería, la urbanización y otros proyectos de desarrollo podrán avanzar con menos restricciones en zonas consideradas de alto valor ecológico.
El gobierno estadounidense defendió la decisión al asegurar que la regulación anterior era obsoleta y representaba un obstáculo para el desarrollo económico y el uso de terrenos privados. El secretario del Interior, Doug Burgum, afirmó que la modificación busca agilizar la aprobación de proyectos y reducir cargas regulatorias para propietarios y empresas. Sin embargo, la nueva interpretación elimina la consideración de que la degradación de un hábitat constituye un “daño” a las especies protegidas, una definición que había sido respaldada por la Corte Suprema desde 1995.
La medida provocó una fuerte reacción de organizaciones ambientalistas, que la calificaron como un grave retroceso para la conservación de la biodiversidad en Estados Unidos. Grupos como Earthjustice anunciaron que impugnarán la decisión ante los tribunales, al sostener que carece de fundamento científico y legal, además de poner en riesgo ecosistemas fundamentales para la supervivencia de numerosas especies en peligro de extinción.





