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Ciudad Juárez, Chih. México
21 de agosto 2026
11:58 am

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Cuando las cifras no alcanzan para curar

Por Janeth Escobedo Román.

En México, hablar de medicamentos es hablar de dos realidades que parecen caminar en direcciones distintas. Una está construida con porcentajes, compras consolidadas, millones de piezas adquiridas y anuncios de que el abasto mejora. La otra comienza cuando un mexicano sale del consultorio con una receta en la mano y descubre que, aunque existe un sistema de salud que debería garantizarle el tratamiento, tendrá que buscarlo, esperar por él o pagarlo.

En marzo de este año, el Gobierno federal informó que el promedio de abasto de medicamentos en IMSS, IMSS-Bienestar e ISSSTE superaba 97 por ciento y que el objetivo seguía siendo llegar al 100 por ciento.

Pero hay una pregunta que las estadísticas no pueden responder por sí solas: ¿qué significa ese avance para la persona que necesita justamente el medicamento que no está disponible?

Para un sistema, la diferencia entre 97 y 100 por ciento puede parecer un margen pequeño. Para un paciente, puede ser la diferencia entre continuar un tratamiento o interrumpirlo. Una cifra puede mejorar y, al mismo tiempo, una familia puede seguir esperando una medicina.

Ahí aparece la otra cara de la moneda: la del pueblo mexicano.

La enfermedad no espera a que termine una licitación, a que llegue un proveedor o a que un medicamento sea redistribuido. Una enfermedad crónica no entiende de porcentajes. Un tratamiento especializado no puede detenerse porque el inventario está incompleto. Cuando el sistema falla, el tiempo y el dinero de la familia terminan convirtiéndose en parte de la solución.

El problema tampoco termina en la capital del país. En los estados, las instituciones enfrentan sus propias dificultades para mantener farmacias abastecidas y garantizar que los tratamientos lleguen a quienes los necesitan. Chihuahua es un ejemplo claro.

El pasado 16 de julio, Pensiones Civiles del Estado informó que surtía 80 por ciento de las recetas médicas y que estaba en marcha una licitación para adquirir 714 claves de medicamentos. Entre las prioridades se encuentran tratamientos oncológicos, de alta especialidad y para enfermedades crónico-degenerativas.

Porque detrás de cada clave hay una persona que necesita continuar un tratamiento, evitar una complicación o simplemente aliviar un dolor que no puede esperar.

Y si el problema se traslada a Ciudad Juárez, la discusión deja de ser todavía más abstracta. Aquí, el acceso a los medicamentos se encuentra con una realidad fronteriza donde las distancias, los tiempos de traslado y el costo de buscar alternativas también pesan.

En junio, Pensiones Civiles informó que entregó medicamentos e insumos para reforzar la atención de su delegación en Juárez. Pero un mes después, la institución reconoció que, en el conjunto de sus farmacias y unidades, el surtimiento alcanzaba 80 por ciento.

Para un derechohabiente de esta ciudad, una receta sin surtir puede significar regresar otro día, recorrer otra unidad o buscar en una farmacia particular un medicamento que quizá no estaba contemplado en el presupuesto familiar.

Y aquí es donde las cifras dejan de ser suficientes.

Porque un medicamento almacenado no cura. Una licitación no baja la fiebre. Un porcentaje no controla la presión arterial. Una promesa no detiene una enfermedad.

Tal vez ahí está la verdadera discusión sobre el abasto de medicamentos en México. No en si una cifra dice 80, 90 o 97 por ciento, sino en qué ocurre con quienes quedan fuera de ese porcentaje.

Mientras una autoridad puede celebrar que el abasto nacional ha mejorado, una madre puede estar contando las horas que le quedan de medicamento para su hijo. Mientras un informe habla de compras y distribución, alguien puede seguir enfermando.

No se trata de negar los avances ni de desconocer el trabajo de las instituciones para corregir un problema complejo. Se trata de recordar para quién existe el sistema de salud. El éxito no debería medirse únicamente por lo que se compra, se almacena o se distribuye, sino por lo que finalmente llega a las manos de quien lo necesita.

La salud no puede medirse solamente en porcentajes. También se mide en personas. Y cuando las cifras dicen que estamos mejor, pero una familia sigue preguntándose cómo conseguirá el medicamento de mañana, hay que mirar más allá de los números.

Porque al final, el verdadero fracaso no es que falte una caja en un almacén. Es que falte justo cuando alguien la necesita para seguir viviendo.

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