24°

Ciudad Juárez, Chih. México
24 de marzo 2026
11:04 pm

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Autos, drogas y el cuento de Cruz

Ciudad Juárez ya no cabe en sí misma. No por orgullo, no por logros… sino por vehículos. Hoy hay casi 830,000 autos circulando por sus calles, una cifra que debería encender todas las alarmas, no solo por la saturación urbana, sino por el tipo de parque vehicular que se ha creado: una avalancha de unidades mal importadas desde Estados Unidos, muchas sin verificación, sin historial, sin responsabilidad. Son coches que cruzan sin papeles, pero con protección política. Son un negocio más de los que se lucran con el caos.

El nuevo anuncio de la reactivación del programa de regularización de autos “chuecos” viene disfrazado de ayuda social, pero debajo del papel celofán se esconde una verdad incómoda: es una política pública hecha a la medida del desorden, un parche que se convirtió en sistema. En Juárez ya no se trata de ordenar el tránsito, sino de normalizar lo informal. La calle, el tráfico y la ley se rinden ante la necesidad… o ante el clientelismo electoral.

Mientras eso ocurre del lado mexicano, al norte de la frontera la historia no es muy distinta: dos agentes de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos se han declarado culpables de permitir el ingreso de drogas al país a cambio de sobornos. Sí, la misma frontera que presume vigilancia extrema, muros, perros entrenados y drones, es también una aduana por donde se cuela la corrupción más pura: la institucional. Nada que no sepamos ya, pero que igual indigna.

Y para cerrar el círculo, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar sigue con su juego de sombras. Reitera acusaciones graves contra el exfiscal Jorge Nava y el diputado Bonilla, pero sin sustento, sin pruebas, sin datos. Como quien lanza lodo al aire esperando que algo manche. Se le pidió evidencia y se excusó. Como quien no sabe si quiere justicia o solo espectáculo. En una democracia madura, una acusación sin sustento debería tener consecuencias… pero aquí se premia el escándalo y se castiga el silencio.


Epílogo: ¡Ah, pa’ frasecitas, oiga usté!

“Que nos investiguen a todos”, dice Cruz, con sonrisa cínica. Pero eso no es valentía: es resignación disfrazada. Porque sabe que, en este sistema, si todos caen, nadie cae. Porque mientras los políticos juegan a perseguirse entre ellos, la gente muere sin nombre, las niñas crían sin apoyo, y el país se desmorona sin escándalo. Y esa es, quizá, la verdadera impunidad: la que ya ni sorprende.

Compartir
Facebook
Twitter
WhatsApp