28°

Ciudad Juárez, Chih. México
24 de marzo 2026
8:01 pm

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

Del regreso a clases a la indiferencia oficial

Empecemos con el regreso a clases, que en Juárez no es un evento, sino un viacrucis económico que pone a sudar a cualquier familia. La Profeco, esa eterna defensora del consumidor que siempre llega tarde al rescate, calcula que los padres gastarán hasta 4,500 pesos por hijo en útiles, uniformes y demás. ¡Qué ganga! Un cuaderno que en Acapulco cuesta 19.50 pesos aquí te lo venden como si fuera de cuero fino, y unas tijeras escolares alcanzan precios dignos de un bisturí quirúrgico. ¿Y la Feria de Regreso a Clases? Un oasis de descuentos del 15 al 50 %, dicen, pero con 14,000 personas esperadas, parece más un mercado de pulgas que una solución real.

Mientras el calendario escolar se ajusta al 1 de septiembre para darnos una semana más de “descanso”, el verdadero descanso sería un gobierno que no permita que un lápiz cueste lo mismo que un almuerzo. Pero no, en Juárez, educar a tus hijos es como pagar un rescate: caro, doloroso y sin garantías.

Pero si hablamos de golpes, pocos pegan más que la indiferencia. En la UACJ, una víctima de abuso denuncia que el agente ministerial asignado a su caso no ha tenido ni un solo contacto con él. Cero. Nada. Silencio absoluto. En un país donde el discurso oficial se llena la boca de “cero tolerancia”, aquí tenemos otro ejemplo de tolerancia total… a la omisión.

La víctima, con el valor de alzar la voz, se topó con un muro de silencio: el Ministerio Público no lo contacta, no lo actualiza, no le da ni una migaja de esperanza. La Fiscalía Zona Norte, esa institución que debería ser un faro de justicia, prefiere jugar al teléfono descompuesto, dejando al joven en un limbo donde el trauma se mezcla con la impotencia.

¿Y la UACJ? Brillando por su ausencia, como si un escándalo de abuso en sus filas fuera solo un inconveniente menor. En una ciudad donde los cuerpos se apilan en crematorios y las denuncias se archivan en el olvido, esta historia es un recordatorio cruel: en Juárez, las víctimas gritan, pero las autoridades están sordas.

Y en medio de esta ciudad que camina entre la crisis y la desidia, la Casa del Migrante alza la voz para pedir ayuda a una comunidad que ya está con el agua al cuello. Este refugio, que ha sido un salvavidas para miles de migrantes varados en la frontera, ahora enfrenta una crisis de recursos. Necesitan comida, ropa, productos de higiene, pero, sobre todo, necesitan que alguien voltee a verlos. En una ciudad donde los puentes internacionales son un embudo y los comités binacionales solo generan comunicados, los migrantes son los eternos olvidados. La Casa del Migrante no pide lujos, pide lo básico: un poco de humanidad en una frontera que parece haberla perdido.

Compartir
Facebook
Twitter
WhatsApp