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Ciudad Juárez, Chih. México
25 de septiembre 2026
1:46 pm

Dirección: Héctor Javier Mendoza Zubiate

La lluvia no es el problema

Por Janeth Escobedo Román

“Las lluvias pasan; las consecuencias de no estar preparados permanecen.”

Bastan unas horas de lluvia intensa para que Ciudad Juárez cambie de rostro. Las vialidades se convierten en corrientes de agua, los trayectos cotidianos se vuelven inciertos y cientos de familias observan con preocupación cómo el nivel del agua aumenta en calles, patios y viviendas. Lo que para algunos puede ser una tarde de precipitaciones, para otros representa pérdidas económicas, daños materiales y la interrupción de sus actividades diarias.

Las recientes lluvias registradas en nuestra ciudad volvieron a mostrar escenas que, lamentablemente, resultan familiares para muchos juarenses: automóviles varados en avenidas, conductores esperando ayuda en medio del agua, calles cerradas, colonias afectadas y hogares en los que el agua logró cruzar la puerta principal. Detrás de cada imagen compartida en redes sociales existe una historia distinta, pero todas tienen algo en común: ciudadanos que enfrentan consecuencias que van mucho más allá de una simple molestia momentánea.

Con frecuencia se señala a la lluvia como la responsable de estas afectaciones. Sin embargo, el problema no es que llueva. La lluvia es un fenómeno natural que forma parte de nuestro entorno y que seguirá presentándose año tras año. Lo preocupante es que, cada temporada, los efectos parecen repetirse en distintos puntos de la ciudad con consecuencias similares.

El crecimiento urbano, el desgaste de la infraestructura, la insuficiencia de algunos sistemas de drenaje pluvial y alcantarillado, así como la acumulación de residuos en la vía pública, son factores que suelen formar parte de la conversación cuando ocurren inundaciones. Aunque las precipitaciones intensas pueden superar cualquier previsión, también es cierto que estos eventos ponen a prueba la capacidad de respuesta de una ciudad y evidencian aquellas áreas que requieren atención, mantenimiento o modernización.

La experiencia de quienes resultan afectados pocas veces puede resumirse en cifras. Está la persona que no pudo llegar a su trabajo porque su vehículo quedó atrapado en una calle inundada. Está la familia que observó cómo el agua ingresó a su vivienda, alcanzando muebles, electrodomésticos y pertenencias adquiridas con años de esfuerzo. Están también los comerciantes que ven reducidas sus ventas y quienes deben invertir recursos adicionales para reparar daños provocados por la acumulación de agua.

Las lluvias también dejan al descubierto otro aspecto importante: la necesidad de fortalecer la cultura de la prevención. La responsabilidad no recae únicamente en las autoridades. Mantener limpias las calles, evitar arrojar basura en la vía pública, respetar las recomendaciones de Protección Civil y atender los avisos meteorológicos son acciones que contribuyen a disminuir riesgos. La prevención es una tarea compartida que requiere participación ciudadana y acciones institucionales permanentes.

Sin embargo, la participación ciudadana no sustituye la necesidad de contar con infraestructura adecuada. Una ciudad en constante crecimiento demanda planeación, mantenimiento y obras que respondan a las necesidades actuales de su población. Las lluvias pueden ser inevitables, pero las afectaciones derivadas de una preparación insuficiente no deberían convertirse en una costumbre aceptada.

En Ciudad Juárez existe una capacidad de adaptación admirable. Cada vez que las lluvias llegan, miles de personas modifican rutas, reorganizan horarios y buscan la manera de continuar con sus actividades pese a las dificultades. No obstante, adaptarse a un problema no significa resolverlo. Acostumbrarse a las inundaciones no debe ser sinónimo de normalizarlas.

Las lluvias forman parte de la naturaleza y no podemos decidir cuándo caerán ni con qué intensidad. Lo que sí está en nuestras manos es la manera en que una ciudad se prepara para enfrentarlas. Una ciudad que conoce sus riesgos también tiene la responsabilidad de prepararse para ellos.

Porque el agua termina por irse, pero los daños y las afectaciones permanecen mucho después de que sale el sol. Y detrás de cada automóvil varado, cada vivienda inundada y cada familia afectada queda una pregunta que no debería aparecer únicamente cuando comienza a llover: ¿qué estamos haciendo para estar mejor preparados cuando vuelva a suceder?

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